Quien la viera desde fuera pensaría que era tonta. Siempre le pasaba igual cuando lo tenía cerca. Empezó a mirarle con esos ojos. Esos ojos inmensos, azules, que se agrandaban siempre que le miraba, como el lobo de Caperucita, para poder verle mejor. La imagen que observaba provocaba una media sonrisa en su rostro, una sonrisa que a ella le hacía sentir estúpidamente bien… Él ni siquiera se daba cuenta. ¿Cómo no podía reparar en ello? Él no era ciego, ni tampoco tonto, pero si era muy despistado…
Él se hacía un café mientras ella, al lado, a penas a unos palmos, sostenía una carpeta con ambas manos que apretaba fuertemente contra su pecho, como para hacer callar a su corazón inquieto que quería salir corriendo al calor de los brazos de él. “De hoy no pasa” pensó mientras soportaba su máscara de estupidez al contemplarle. “Hoy es el día” volvió a decirse.
Abandonó el apoyo de la pared y dirigió sus pasos hacia él. Sin apartar los ojos de encima suya, con una sonrisa entreabierta dibujada. Se mordió el labio inferior con fuerza, movió su cuerpo de manera que su boca encontrara la boca de él y con una suavidad intensa le besó en los labios… nadie sabe cuánto duró el beso, ni siquiera quieren saberlo, pero fue como…como si el tiempo se hubiera parado para dar paso a aquel beso, como si la luna y todos los planetas y demás, hubieran dejado su movimiento de inercia para verlos, por fin, unidos por el adhesivo de un beso.
Se quedó parado, sintiendo el latido de su corazón en sus labios, se equivocaba, no eran los de su corazón sino los de ella, que se habían depositado allí, donde más a gusto se encontraban…
- Sé que ahora mismo no entiendes nada, que no esperabas esto de mí- empezó a hablar ella con una sonrisa dulce en los labios y con sus inmensos ojos depositados sin remedio en él, con la voz tan suave y pausada que… hipnotizaba- sé que es imposible, lo sé. Lo sé cada vez que hablas con ella por el móvil, en algún momento que tienes libre, que en lugar de dedicarlo a ti… lo dedicas a ella, siempre a ella. Cada vez que escuchas su nombre y te giras como buscándola y la decepción dibuja una sonrisa ilusa en tu rostro. Cada vez que hueles un perfume de mujer y sé que tiene que ser el que usa ella porque entonces, cierras los ojos y pareces estar soñando con algo que se antoja hermoso. Cada vez que vives alguna anécdota curiosa y parece que la grabas simplemente para después, recreársela a ella con todo lujo de detalles. Sé que es imposible que alguna vez yo llegue a ser ELLA, pero me gustaría tanto… y hoy, lo siento pero… he tenido que disfrazarme un poco de ella, simplemente para rozar tus labios. Te prometo que no volverá a ocurrir, que no volveré a robarle tu boca que sé, que es tan suya… no espero que lo entiendas- sonrió una vez más, esta vez sin mostrar las perlas que tenía por dientes. Dio media vuelta y empezó a perderse a lo largo del pasillo, decidida así, a dibujar un punto y final en aquella historia que había despertado tantas mariposas dormidas en su estómago, que había dado cuerda al reloj de su corazón, que había asfixiado a su respiración… estaba decidida.
El latido del corazón de aquella muchacha aún en sus labios, su cuerpo congelado… en su cabeza no paraba de sonar aquellas palabras, como un disco rayado… de pronto, algo en su corazón empezó a revolverse. La sinceridad de su voz, el gesto cierto de aquellos ojos, el brillo y olor de su pelo… en fin, ella, había depositado en su corazón las semillas de la curiosidad y lo posible y las había regado con tanta fuerza, que empezaron pronto a crecer y dar raíces. Mientras, él no paraba de llevarse la mano a los labios para comprobar que allí estaba presente aún, el adhesivo de aquel beso…


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