Luna

Luna
"Esta noche me encamararé a la luna, me instalaré en su cruasan como si estuviera en una hamaca y no tendré ninguna necesidad de dormir para SOÑAR"- La Mecánica del Corazón-

martes, 10 de septiembre de 2013

Memorias de un viaje, 20/08/2013

Hay sueños que no se sueñan. Que levitan vaporosos en el subconsciente.
 
Hay posibilidades que no llegan a darse nunca. Una mano llamada azar escoge continuamente a una de miles. Mientras las demás mueren sin siquiera haber vivido.
 
La vida es caprichosa.
Se revuelca dentro del tambor de la lavadora que es este mundo,
que no deja de girar.
 
Yo he decidido desafiarla.
He decidido escoger dejando atrás a ese azar.
 
Por eso persigo imposibles.
Por eso; no puedo dejarte de amar.
 
Lo mismo es aferrarse a un clavo ardiendo o echar raíces.
 
Hay días en los que la fe se escapa, como un globo que una mano inocente  suelta
solamente para verlo
ascender hacia el
infinito.
 
Hay momentos en que la esperanza se apaga y
abandona su verde.
Se oscurece junto con la huida del sol.
Cuando la soledad aparca en nuestra calle
y toca la bocina
para hacerse notar.
 
Hay noches, días, cenas
y almuerzos en los que me pregunto qué estarás haciendo.
Si en ese preciso momento, en el que yo te pienso, ríes a carcajadas
o estás serio.
Si mientras llueve en pleno agosto sin anunciarse, te cubres con una chaqueta,
con la mano o por el contrario le sonríes al cielo y agradeces sus lágrimas e inspiras el aire
acompañado del olor a tierra mojada.
 
Tonteo con las posibilidades aquellas... y
se me encoge algo dentro.
 
Y construyo una historia de imágenes posibles.
Un fruto de la probabilidad que...
lleva tu nombre.

Borras de café


Y golpeo las teclas de este ordenador con rabia. Porque no te tengo, porque no estás y lo único que quise alguna vez era que no te fueras. Y hago malabares con la rutina. Y recorro los sitios en los que te gustaba estar. Y me giro cada vez que escucho tu nombre. Y el aire se vuelve denso si creo oír tu voz. Y pataleo por las calles cuando no te encuentro. Y te sueño, porque es lo único que puedo hacer. Y te imagino conmigo aunque luego esos momentos se desvanecen. Algunos recuerdos no vividos, sin embargo, se cuelan, como borras de café. Y lo único que sé es que enloquezco cada vez que tengo conciencia de tu ausencia. Que las lágrimas me arden en la cara. Y me persigue el fantasma de tu tacto, tus susurros, tus labios…  

lunes, 22 de julio de 2013

Nueve


Las caricias se convirtieron en cicatrices. El mar en charcos. El horizonte en límite. El suelo en fuego… Mientras, soplaba las heridas que nunca se abrieron. Me escocía alguna lesión invisible. Los años de ausencia pesaban en su liviana nada. Me senté frente al mar oscuro, contagiado por la oscuridad de la noche. La luna brillaba y no; a capricho del viaje de las nubes. La brisa ofrecía una banda sonora apacible, como esas de terror que advierten un oleaje de violines chirriantes. La soledad se agarraba, clavando sus uñas, de mi pecho. Y cada calada marcaba el recuento de mis profundas penas. Hasta que llegué a la calada número nueve, con su respectivo dolor. El recuerdo proyectado en la orilla húmeda. Solo yo era testigo de su recreación, la luna veía justamente lo que había, un mar que iba y venía besando a la arena, dejando a su paso el adhesivo de un beso, nada más que un rastro de saliva. Golpeé el cigarro, como si fuera rutina, desprendiendo sus cenizas. Las observé volar unos tramos. Aunque lo pareciera, mi mirada no, no estaba perdida. Llegó la calada número diez pero… en mi cabeza aún seguía “la número nueve”, como un eco lejano pero constante. Era una tortura, una variante de la “gota china”. Me producía un terrible dolor morboso repasar cada recoveco de su cuerpo. Todo era negro, pero la imagen de su rostro al esbozar una sonrisa, era capaz de iluminar madrigueras, el mismísimo fondo de la tierra. “La número nueve” era la razón por la que yo quería ser mejor, mejor persona. Entendí religiones en las que nunca creí, cuando la conocí. Dibujé rayos de esperanza, mientras veía las noticias de al mediodía. Floté en un mundo donde la gravedad manda. Y un montón de cosas más que un ejército de gilipollas sienten. Ella está tan lejos… “¿Por qué no vas a buscarla?” replica la luna… Porque está aún más lejos cuando nos tenemos en frente. Porque ella, ya ha aprendido a no quererme. A veces deseé eso tanto… no soy digno ni de su cuerpo ni de lo que aguarda dentro. Por eso, por eso me detengo en “la número nueve” porque ahora, es el único momento en el que puedo quererla y no sentirme culpable. No sentir que le debo algo a alguien.

domingo, 28 de abril de 2013

Arañas

La nostalgia es traicionera. Con sus ocho patas teje sigilosa, cautelosa, una red que pasa desapercibida a todos los ojos. No hay visión que esquive el producto pegajoso y simétrico de la nostalgia. Un día, mientras pasean los pensamientos y los pies reposan, tropiezan y caen en manos de esa red transparente. Intentamos escapar en vano, agitando los brazos como si nos ahogásemos en el mar. Pero no son las aguas quienes nos rodean… nos inmoviliza y paraliza esa tela fatídica. Nos envuelve poco a poco, centímetro a centímetro cada vez más lento, más fuerte… nos aprieta como un abrazo a disgusto, indeseado. Nos deja fríos y a solas. El pensamiento anticipado invita al miedo. Pues la nostalgia está a punto de devorarnos. Lo peor ya ha sido nombrado, nos paraliza, nos enfría, nos roba el tiempo dedicándolo a algún pasado ansiado y deseoso en convertirse en presente. Y en ese  abrazo de la nostalgia morimos un poco, a causa, en parte, de la inyección por la espalda de los venenosos recuerdos. Morimos un poco, pues envejecemos, mientras la vida pasa y las nostalgia nos para, nos deja atrás, nos atrapa…

martes, 2 de abril de 2013

Desértico e interrogante

Como si al abrir la ventana la palmada del aire frío en la cara hubiera empujado a dos mil kilómetros de distancia a todos mis miedos. Conseguí por fin escurrirme entre las rejas de aquella jaula y escapar. Decidió mi alma entonces, aquello de lo que hacía tiempo tenía intenciones. Y me sentí como el guerrero que deja caer la espada al final de una dura batalla. Saber que se ha cerrado un ciclo, y no tener las instrucciones del después. La incertidumbre anclada en la sien. ¿Qué camino tomar?, ¿Qué sendero abandonar?, ¿A quién preguntar?... Una vez más el destino se impone desértico e interrogante. Una vez más, cansado, arrastro los pies sangrantes.

domingo, 17 de marzo de 2013

Que

Que solo quiero bailar. Bailar. Hacerle el amor a la música en esos tres minutos de canción… ella y yo a solas en la oscuridad de mi salón. Rodar los muebles, correr las cortinas, lograr un escenario sombrío, sentir el frío suelo abrazar mi piel. Querer escapar en cada movimiento y… chocar siempre contra la pared. Que cada poro de mi piel llore el sudor que se tragan mis ojos. Que mi corazón se desenfrene, cuando te bailo todo aquello que siempre quise decirte aunque no estés por ningún lado. A veces creo que llegas a sentirlo, como yo lo siento… y esa sensación me envuelve hasta que la música se calla y me deja a solas… contigo, en mi pensamiento.  



Que la felicidad perdió mi dirección y hace tiempo que no viene a tocar a mi puerta. Que odio los “yo” que salen de tu boca. Que quiero correr descalza colina abajo despertando a millones de insectos, animales, dormidos en el suelo. Que no quiero creer aquello que me hace débil. Que no me ves y estoy en frente. Que no necesito más ausencias. Que…

martes, 29 de enero de 2013

Una de las mil maneras de moldear la soledad

Me obsesiono con la idea. Esa idea que mi mente guarda y arropa cada noche. Que se desvanece al amanecer y que vuelvo a formar uniendo cada pieza desordenada del puzzle incapaz de sobrevivir al despertar de un sueño. Me gusta cerrar los ojos y observar esa idea. Me gusta que mi mente pasee por la fina cuerda suspendida en el aire a miles de metros del suelo. Me gusta dibujar comienzos, un trazo por aquí, otro por allá… y de pronto tengo un inicio lleno de colores. El cuaderno imaginario desbordado de diferentes comienzos, pero siempre, siempre diseño el mismo final. Porque  no pueden darse más oportunidades ni alternativas, porque el final es como debe ser. El estallido de un sentimiento inimaginable e inigualable, el perfume de la explosión colándose en tu inspiración, la unión de dos manos que superan la barrera de las energías, dos miradas que se encuentran y se entienden en un idioma jamás descifrado, esos cuerpos que se mecen mutuamente como hábito natural del ser humano, esa compañía fundamental y atrayente como la unión entre dos polos opuestos, esa necesidad de ser, de estar a cinco centímetros de distancia, de no tener que preguntarte si estás bien, porque ya lo sabría.


Un final con una puerta escondida, cuya llave se halle en nuestros bolsillos desteñidos.