Hay sueños que no se sueñan. Que levitan vaporosos en el subconsciente.
Hay posibilidades que no llegan a darse nunca. Una mano llamada azar escoge continuamente a una de miles. Mientras las demás mueren sin siquiera haber vivido.
La vida es caprichosa.
Se revuelca dentro del tambor de la lavadora que es este mundo,
que no deja de girar.
Yo he decidido desafiarla.
He decidido escoger dejando atrás a ese azar.
Por eso persigo imposibles.
Por eso; no puedo dejarte de amar.
Lo mismo es aferrarse a un clavo ardiendo o echar raíces.
Hay días en los que la fe se escapa, como un globo que una mano inocente suelta
solamente para verlo
ascender hacia el
infinito.
Hay momentos en que la esperanza se apaga y
abandona su verde.
Se oscurece junto con la huida del sol.
Cuando la soledad aparca en nuestra calle
y toca la bocina
para hacerse notar.
Hay noches, días, cenas
y almuerzos en los que me pregunto qué estarás haciendo.
Si en ese preciso momento, en el que yo te pienso, ríes a carcajadas
o estás serio.
Si mientras llueve en pleno agosto sin anunciarse, te cubres con una chaqueta,
con la mano o por el contrario le sonríes al cielo y agradeces sus lágrimas e inspiras el aire
acompañado del olor a tierra mojada.
Tonteo con las posibilidades aquellas... y
se me encoge algo dentro.
Y construyo una historia de imágenes posibles.
Un fruto de la probabilidad que...
lleva tu nombre.