Luna

Luna
"Esta noche me encamararé a la luna, me instalaré en su cruasan como si estuviera en una hamaca y no tendré ninguna necesidad de dormir para SOÑAR"- La Mecánica del Corazón-

viernes, 29 de julio de 2011

Hacer del silencio nuestro único tema de conversación


Tengo tantos miedos… mis fobias no van de arañas, de alturas, ni de oscuridades. Mis miedos están poblados de la incapacidad de ser, de no poder, de no querer las cosas lo suficiente, de no gustarme, de no tenerte…

No sé como vencer a esta enemiga inseguridad, como dar el último golpe mortal con esta espada oxidada. Cómo calzarme las botas del atrevimiento que me lleven hasta ti. De ir abandonando a cada paso del camino las migas del temor, de dejar de mirarme en los espejos y juzgarme; si mi cuerpo no es lo demasiado convincente y entonces… no hablemos siquiera de mi cara. De si mis conversaciones no son muy interesantes, ni mis ocurrencias demasiado innovadoras… a mí, me bastaría con cerrar la boca y hacer del silencio nuestro único tema de conversación, con gastar las horas solo mirándote a los ojos y que tu no dijeras nada tampoco. Que te quedaras allí en frente mía, pudiendo sentir tu presencia tan cerquita… Así, sin hacer nada, ya me estarías salvando del precipicio.

miércoles, 27 de julio de 2011

¿Dónde estabas? Llevo todos estos días buscándote... No me avisaste de que esto iba a ser como el juego del “escondite”. Ni siquiera me diste tregua para contar hasta 20… desapareciste sin más, tras esas nubes espesas y negras en las que te ocultas. Necesito que estés… porque aunque es verdad que no son días de frío glacial, me hace falta tu tacto cálido por todo el cuerpo, pero sobre todo como remedio para esta mente que no para de volar y volar y que ya se encuentra cansada…

He recorrido toda la ciudad buscando una gota de ti. He pasado por todos los rincones y… nada.
He corrido por callejones estrechos y por bosques frondosos. Todas las mañanas al despertar, apartaba las cortinas con esperanzas, pero lo que encontraba tras ellas era… la ausencia de tu poderosa luz.
Te he esperado durante todos estos días, imaginándote como eras antes, siempre ahí, en lo alto del cielo…

Entonces caí en la cuenta, caí en la cuenta de que existe un lugar, el cual es tu favorito y por ello nunca abandonas. Tomé dirección sur con ese nerviosismo que se siente al saber que te reencuentras con aquello que añoras… y allí estabas, como siempre, más radiante que nunca… Tenías un buen día y me saludaste con un beso de ligero calor que agradezco y que he guardado bien en mis recuerdos para poder acudir a ellos…
Ojalá no te ausentaras más, que nunca corrieras esa cortina de nubes para no ver lo que ves siempre…

Necesito tu luz y tu calor. Yo me encargo de borrar este tiempo pintado de grises y negros, tú ocúpate de lo demás, del color, del brillo, de la claridad…











lunes, 25 de julio de 2011

Vendo el lujo de decidir...


Lo difícil es decir NO. El SÍ es tan fácil… como abandonar el sueño por iniciativa del despertador.
Hoy estoy dispuesta a romper con la responsabilidad, con el juicio, con la razón… dimito. Abandono aquello que nos diferencia de las bestias; el raciocinio. No lo necesito, no necesito esto. Esto de no estar tranquila, de tener la cabeza llena de pensamientos que van y vienen, que vienen y van, que mueren y una vez olvidados resucitan en forma de fantasmas perturbadores.
Quiero abandonar la responsabilidad, repito, en el fondo de un cajón como una blusa de hace cuatro años… que otro decida por mí. De verdad, hoy no me importa perder autoridad, hoy no desprecio la idea de someterme a las idioteces de un dictador. Basta de elegir y equivocarme. No quiero echarme la culpa otra vez. Si algo tiene que salir mal que salga, pero que no haya sido yo la que jugó la partida. Que no dependa de mí, no otra vez. No quiero elegir, ni arriesgar. ¿Por qué esta falta de madurez? Porque me conozco, y si tomo las riendas, escogeré el camino equivocado. Los que me rodean parecen tenerlo más claro que yo, pues, que sean ellos los que decidan. Parece ser lo más justo. Lo haré mal otra vez, y no me apetece hacerme daño.

domingo, 17 de julio de 2011

No espero que lo entiendas. Procuro, inconscientemente, no esperar nada de ti

Entonces, me quedé callada. Aquel argumento que expusiste se derramó en mi mente tiñéndola de blanco. Tuvo la fuerza  de inmovilizarme y de atracar mi capacidad de rebatir. Empecé a buscar palabras que al darse la mano formaran frases que pudieran expresar lo que quería decirte. Pero ni con los ojos bien abiertos y con los cinco sentidos puestos, pude hacerlo. Hoy, sin embargo, recordando algunos versos de un Insensato poeta me he topado con aquello que quería que escucharas. Tomo prestadas esas palabras y las pongo en mi boca como si yo fuera él, y con él digo que:

“Es cuestión de palabras, y no obstante,
Ni tú ni yo jamás,
Después de lo pasado, convendremos
En quién la culpa está.

¡Lástima que el amor un diccionario
No tenga donde hallar
Cuándo el orgullo es simplemente orgullo
Y cuándo es DIGNIDAD”

No espero que lo entiendas. Procuro, inconscientemente, no esperar nada de ti. No creo que lo entiendas, pero empatiza un poco conmigo por favor. Métete en mi piel, vístete de mí, mira desde la mirilla de mis ojos, piensa dentro de mi mente con los engranajes y motores de mis circunstancias, mis vivencias, mi pasado, recuerda mis recuerdos, enfréntate a mis miedos, siente con mi cuerpo, con mi piel externa y con la interna y después… después ya hablamos.


sábado, 9 de julio de 2011

viernes, 8 de julio de 2011

Soñé que vivía en una época que no logro descubrir en los libros de historia. No había asfalto, ni carreteras, ni rascacielos, ni fronteras…
Íbamos todos descalzos hacia una playa infinita. Allí había alas repartidas por toda la arena. Un par para cada uno de los que allí estábamos. Eran tan grandes, tan ligeras… al ponértelas se fusionaban con el cuerpo y parecían haber venido de fábrica con nuestra anatomía habitual.
Decidí volar hacia los recuerdos, retrocediendo con fuerza las manecillas del reloj. Y aterricé en aquella noche en el banco. Tú estabas sentado, yo acostada. Tumbada con los pies sobre tus muslos. Que raros nos vemos desde fuera…

Vi como tocabas los dedos de mis pies como si fueran las teclas de un piano y a la vez, con la boca, hacías el sonido correspondiente a la música que sonaba en tu cabeza. No paraba de reír. Era feliz aún sin reparar en ello. Ahora no consigo saber si todo aquello era real. Ahora que ha pasado tanto tiempo y como dijo algún poeta “los de entonces ya no somos los mismos”.

Sé, de primerísima mano, que intenté darlo todo, enamorarte cada día, hacer de cada minuto un tiempo especial, despejar tus pies de lo cotidiano y ofrecerte todo lo bueno que podía aportar, decidí ser mejor por ti, aumentar mis grados de paciencia, sonreír aún cuando la tristeza llamaba a mi puerta pero… después, todos esos buenos momentos, que no son para nada pocos, nos condujeron a un trágico final sin perdices, ni fuegos artificiales, ni un “Fueron felices por siempre jamás”. Te necesité y tu respuesta fue un portazo en las narices de mi amor. Te desentendiste y yo intenté comprenderte. Me descuidaste e intenté protegerte. Me abandonaste y hasta inventé motivos…

Ahora es todo oscuro y el cuento de Hadas que creamos se ha convertido en una novela negra sin retorno. Sin retorno… y ahora tú vuelves, afirmando que todo fue real y que eres la víctima de una historia que no te pertenece.  
¿La víctima? Tu ignorancia se deja ver así, como un gigante que no consigue pasar desapercibido.
Y yo no sé si aún queda hilo para enhebrar y tejer esta historia rota. Ni siquiera sé si quiero coger esa aguja.
Vuelo a los recuerdos y siento como propios los sentimientos de aquella persona que ya no soy y tú vuelves, repito, para reconstruir las ruinas de esta relación, para asegurarme un futuro sin seguros… basta, en serio, me parece que es jugar a hacerse daño. Tú de eso ya sabes suficiente. Yo de eso ya no quiero obtener noticias.

Esta vez sí quiero quedarme sin saber que pasaría si tú y yo… en fin, segundas partes nunca fueron buenas. Sigamos a raja tabla tal dicho.



"Yo, entonces, no necesitaba nada, nada que no pudiera darme cualquiera..."

Era una época de continuas tormentas. Siempre en casa, encerrada en la última habitación de un pasillo infinito, donde nadie podía encontrarme… sola, con la compañía de mis recuerdos, de mi presente agónico que no paraba de maltratarme… me refugiaba en mi propio abrazo, intentaba liberarme de todo el daño vaciando mi cuerpo de lágrimas envenenadas de miedo, dolor, de ilusiones destrozadas, de esperanzas rotas... Masticando los porqués y tragándolos sin apetito.

Fueron días de frío glacial y yo desnuda, de pesadillas despierta, del horror en frente mía y yo sin armas, yo sola sin las instrucciones para pasar de fase, anclada en un miedo persistente que aún sigue allá abajo, observándome desde la calle, puedo verle reír desde mi ventana…

Yo, entonces, no necesitaba nada, nada que no pudiera darme cualquiera. Eso que necesitaba estaba al alcance de todo ser humano, sin embargo… nadie apareció por allí para hacerlo, nadie se tomó la molestia o quizás nadie se atrevió a adelantar acontecimientos. Yo solo quería una mirada directa a mis ojos, una mano en mi hombro y… una frase, unas palabras, un voz que dijera; “Todo va a salir bien” y que yo estuviera lo suficientemente cerca para escucharlas.

Siempre las esperé, esperé a oírlas, pero no llegaban, debieron haber perdido el tren que las llevaba hasta mí y tomaron rumbo a otra dirección. Entonces, me topé con mi reflejo en el espejo y comprendí que… yo era quien debía mencionar esas palabras, tenía que ser yo la que me convenciera y dubitativa lo hice. Me dije que todo saldría bien cien veces y me prometí que sería así. Por mucho que ya no pueda más… debe ser así.



martes, 5 de julio de 2011

El País de las Maravillas...


¿Mi afición favorita? Cerrar los ojos… cerrarlos y sorprenderme así en cualquier lugar. No importa el cuándo ni el dónde. Una mañana frente la ventana y con el sol desperezándose poco a poco e inundando con sus interminables brazos toda la habitación se presenta como una oportunidad profundamente tentadora. Y así es, cierro los ojos y compro un billete con las monedas del “quiero, me apetece” hacia el verdadero País de las Maravillas; La Imaginación. 

A lomos de un caballo alado tiene lugar el trayecto. Un viaje alucinante donde no hay dolor en las despedidas, en el que al atravesar las nubes las lágrimas de agua que conservan en su interior sirven de combustible tanto al jinete como al corcel y no hace falta parar a repostar. Donde por el camino te cruzas con todos los seres conocidos, los que aún están por descubrir, los inventados y los que se resisten a ser creados por aquellas mentes con miedo al fracaso, todas estas criaturas te saludan con una sonrisa kilométrica que se expande de este a oeste y te dan la bienvenida con un abrazo de calor sorprendente. 

Recuerdo la primera vez que estuve allí. Encontré a Don Quijote luchando con un molino de madera y me convenció de que había que acabar con él y al hacerlo, aún creyendo que cometíamos un disparate, vi en el suelo derrotado, desaparecer a un gigante. 
También jugué a eso de contar mentiras con Pinocho y era a mí a quien le crecía la nariz.
Encontré a Peter Pan celebrando su noventa cumpleaños y me tomé un café con el Sombrerero Loco que no hacía más que hablar de propuestas e ideas razonables.

Hoy, sólo quiero pintar de naranja el mar y de verde el cielo. Quiero gritar con aquel enano de Blancanieves que no podía hablar, que me niego a creer que las cosas son lo que parecen, que haya un destino que dictamine aquello que vivimos justo antes de escoger un camino, de elegir, de actuar… Quiero hablar con Tarzán el lenguaje de los monos. Quiero encontrar a Cenicienta en vaqueros y descalza. Sólo quiero despegar de la realidad y perderme en el País de las Maravillas y olvidar que lo imposible existe y crear y crear y crear… y pasar el tiempo con los personajes fantásticos que sin duda… son lo mejor que ha inventado el hombre. Que se extingan los coches y su humo asfixiante, que desaparezcan las bombas con una explosión de fuegos artificiales, que se pudra el hambre con los términos; guerra, subdesarrollado, cáncer, maltrato, niños soldados…
Todo esto es tan posible como que Aladdin consiguió a la princesa y que un tal ratón llamado Mickey es el mejor amigo de los niños… sólo basta con quererlo.

lunes, 4 de julio de 2011


Me acuerdo de aquel día. Bueno  seré sincera, realmente desconozco si era viernes o sábado, su calificación numérica tampoco forma parte de mi recuerdo, pero lo que sí sé, es que era una tranquila y mágica tarde de verano. El verano siempre fue nuestro escenario, en el que dábamos una forma irregular a nuestra historia de sal y arena, nuestro punto de encuentro en el camino de esta vida, nuestra cita no concedida... El verano además, era mi estación favorita, la época de hibernación del despertador, los estudios encerrados en la cárcel del olvido, la creatividad a flor de piel, el sol siempre colgado del cielo, las ganas de gastar las horas haciendo cualquier cosa… todo podía pasar en verano, absolutamente todo era posible.
Estábamos tumbados sobre el suelo, aquel suelo aún caliente por el abrazo reciente del sol, la sombra de un gran muro daba una tregua a nuestra piel tintada de rojo. Estabas a mi lado, a penas a un palmo, tan cerca que podía sentirte, olerte… entonces, fue como si los dioses me tiraran desde allá arriba las sandalias aladas de Hermes y pudiera visitar a Marte y charlar a solas con el planeta sobre el dichoso tema de si allí habitaba alguien. Volaba aún siendo mi cuerpo fiel a la injusta teoría de Newton.
Jugábamos a observar las nubes, a descubrir las formas que tomaban caprichosas, que si un caballo, que si un perfil de bruja, una casa con chimenea, como esas que se dibujan cuando se es pequeño… Entonces comenzaste a hablar sin apartar la mirada del cielo… yo giré la cabeza y te observaba como quien descubre por primera vez el mar, estabas tan guapo, de repente una luz de sencillez y franqueza iluminó tu rostro…
“Cuando era pequeño, mi padre solía decirme que las nubes eran la plastilina de Dios, que no conforme con la forma que les había dado en su momento las moldeaba a su antojo buscándoles cierta personalidad, pero hiciera lo que hiciera con ellas no terminaba de convencerle. Rendido, terminaba la tarea dejándolas tal cual, pero un día, observó desde lo alto, como los humanos embobados miraban hacia arriba y hacían lo que tú y yo estamos haciendo ahora, entonces, una sonrisa entrañable apareció en su rostro y un sentimiento de felicidad desconocida recorrió junto a su sangre su cuerpo. Le emocionaba el simple hecho de que las personas abandonaran las tediosas tareas cotidianas, que se descentraran de ellos mismos y observaran el alrededor, que aquellas formas de las nubes las aislaran de todo lo demás, con una acción tan pequeña y por lo que provocaba tan grandiosa. Dios entonces, siguió con aquella afición sólo porque los humanos se sentían bien adivinando las distintas identidades de las nubes, eso a él le hacía profundamente feliz, como un niño en el día de su cumpleaños. Así comprendí que la felicidad de uno depende en su 97% de la felicidad de los de alrededor, de las personas a las que apreciamos… Es una tontería lo sé.” Sonreíste, y me quedé allí, muda, observando el paisaje más bonito de la naturaleza, aquello no era el desierto del Sahara, no era el pico más alto con sombrero de nieve, eras tú desnudo y sin haberte quitado la ropa, tú a mi lado y con la sinceridad como patria a la que se defiende sin temor a la nada. Era yo; descubriendo al amor.



Entonces, había ocurrido. Mis labios habían dejado de temblar, mis manos escapaban del cobijo de mis bolsillos. Podía vislumbrar a duras penas aquel sol que tan ausente había estado en estos últimos meses de frío glacial.
El sol extendía despacio sus brazos, quería tocarme, acariciarme, quería que comprendiese que estaba allí para curarme del invierno. Sólo había algo que se interponía entre nosotros, este pesado abrigo gris en el que me encierro... Me deshice de él como quien deja caer un pesado bloque de cemento. Entonces lo sentí... sentí el abrazo del sol, sus rayos rodeando mi cuerpo, cubriendo mi pecho, deslizándose por mi mejilla, oliéndome el pelo... Así que comprendí que; Después de la tormenta SIEMPRE sale el sol.

domingo, 3 de julio de 2011

1 de Enero de 2011 (Cómplice)


Pase lo que pase, pase lo que pase, pase lo que pase.
Te admiré, te admiro y te admiraré siempre. En eso, mis sentimientos están todos de acuerdo, no están en guerra declarada ni discuten como si fueran unos aficionados del Barça y otros del “equipo Merengue” (por añadir una nota de humor, más bien burlona sobre mí misma, ya que esta concordancia de sentimientos no es muy frecuente en mí)

Me acuerdo perfectamente de la primera poesía tuya que leí. Yo era una niña curiosa, con ganas de descubrir… también era algo gandula ya que me llamó la atención la brevedad de aquellos versos, esa poesía tan pequeña. Ahora lo comprendo, menos, siempre ha sido más. ¿Qué podría decir aquella poesía tan escueta, de tan pocas palabras? Pues ahora, años atrás me respondo a mí misma; lo decía TODO. 
Yo no la entendí entonces; “¿Qué es poesía?” decías… la poesía en ese ayer, no eran más que palabras con cierta musicalidad, rimas graciosas y saltarinas a mi entender, que sonaban tan bien que quería escucharlas siempre  y repetirlas una y otra vez, una y otra vez, una y otra… sin embargo tú rebatiste mi ingenua respuesta diciendo que; “la poesía eres tú” ¿Tú?, ¿quién era tú?, ¿Por qué tú es la poesía? Pero que absurdez, pensaba, ¿qué insensato podría haber escrito algo así? No entendía por qué estaba en aquel libro en el que supuestamente se encontraban los mejores versos. Aún no había vivido lo suficiente, aún no había percibido eso que a algunos les gusta llamar amor.

Hoy, sin embargo, todo tiene un sabor diferente. La poesía es magia. Las palabras, en las poesías, ocupan su lugar como si de un puzzle se tratara, cada una ocupa el espacio que le corresponde para así  crear un paisaje que embellece hasta lo más triste, hasta el mayor dolor… todo eso era “Tú”, ese sujeto al que el insensato autor definía como poesía… Me pregunto qué clase de torrentes tenías por sentimientos…


Yo digo que la poesía eres tú insensato. Este insensato me ha enseñado tanto… compañero de tardes, mañanas, noches… haciendo de mis horas de lectura una vida ideal paralela, envuelta en tus palabras que expresan lo inexpresable, lo impalpable, lo que no se entiende pero sí se siente. Te repito que la poesía eres tú,  tú que la sientes, tú que la entiendes y la llevas inscrita en tu alma, en tu don… mmm Poesía… todo lo que constituye el mundo material e inmaterial debería contar con una pizca de ella, así seguro, todo estaría bien una vez más…

La Guarida

Hoy he estado encerrada en ti. Parando este frío con el calor de tus brazos. Tu piel tejida en mi piel. Tus pies abrazando los míos. Tu pecho como la mejor almohada para dejarse arrastrar por el sueño. Tus dedos el viento que se enreda en mi pelo. Mis brazos rodeando tu cintura con fuerza, como quien no deja marchar a un amigo en la estación. Tus piernas el edredón de los inviernos. Tú yo en este sillón viejo. Tú y yo con los ojos cerrados, tú y yo con la puerta abierta hacia el camino de la felicidad eterna. Tú y yo viviendo el hoy de la forma más pasiva, de la manera más intensa. Tú y yo sin hacer nada y experimentándolo todo. Dos cuerpos independientes que sin necesidad de mirarse a los ojos lo entienden todo. El porqué, el cuándo, el cómo… dos cuerpos que se necesitan de forma natural, biológica, inconsciente, sin reacciones adversas, sin alergias…

Hoy, encerrada en la guarida de ti, he pedido perdón a las aves por envidar sus alas, hoy he descubierto que sin ellas también se puede volar y darle la mano a las nubes. He pedido perdón a mi corazón al reprocharle una y otra vez que no latiera con tanta intensidad; “Sssh que te va a oír”. He pedido perdón a la grandeza del mundo por considerarlo tan insignificante al lado de esta guarida, esta guarida que empuja a mi vida.

sábado, 2 de julio de 2011

Yo también pertenezco al club de los que quieren estar “desnudos de recuerdos” yo, tampoco los necesito. He perdido la cuenta de todas aquellas tardes en las que las lágrimas competían por ser las primeras en deslizarse por mis mejillas, impulsadas por el pistoletazo de salida de los malditos recuerdos. Recuerdos tan increíblemente especiales cuando su identidad era la de “presente”. En aquel entonces la vida me había presentado a la felicidad, y ambas nos dimos un apretón mano.
Los recuerdos me aficionaron al pasatiempo más absurdo que jamás se  haya inventado, al de preguntarme “¿Por qué?”. Cada tarde, a cada minuto, mi pregunta iba dirigida a diferentes destinatarios. A veces era yo, lo cual era bastante doloroso porque la respuesta era muy clara, no necesitaba si quiera comodín de la llamada: “Porque eres estúpida” decía con cierta convicción preocupante. Otras veces iba dirigida a Dios, a todos los Dioses, incluso a los que no existen, la respuesta: el silencio. Y a veces simplemente la pregunta jugaba revoltosa con el aire, él era su destinatario, el universo, la vida, que sé yo, todos elementos vivos y muertos del espacio. Todos ellos contestaron al unísono que era necesario. Ya era hora de que la vida me viniera dando su habitual hostia, el problema es que se le fue la mano. Simplemente todo esto era necesario, necesario para comprender que somos humanos, que nuestros actos tienen un porcentaje de acierto del 10%, que el error en nosotros es recurrente, que necesitaba abrir los ojos y ver, y  empezar a soñar despierta sin almohadas que me acomoden. Y abiertos mis ojos están y las heridas cicatrizan y dejan marcas y el simple hecho de mirarlas reaviva los recuerdos y duele. Duele de una manera diferente. Por ello vendo los recuerdos al por menor, repito; no los necesito.

Que le voy a hacer si siempre ando vagando entre sueños… que corren el riesgo de desaparecer con el murmullo del despertador.