Te admiré, te admiro y te admiraré siempre. En eso, mis sentimientos están todos de acuerdo, no están en guerra declarada ni discuten como si fueran unos aficionados del Barça y otros del “equipo Merengue” (por añadir una nota de humor, más bien burlona sobre mí misma, ya que esta concordancia de sentimientos no es muy frecuente en mí)
Me acuerdo perfectamente de la primera poesía tuya que leí. Yo era una niña curiosa, con ganas de descubrir… también era algo gandula ya que me llamó la atención la brevedad de aquellos versos, esa poesía tan pequeña. Ahora lo comprendo, menos, siempre ha sido más. ¿Qué podría decir aquella poesía tan escueta, de tan pocas palabras? Pues ahora, años atrás me respondo a mí misma; lo decía TODO.
Yo no la entendí entonces; “¿Qué es poesía?” decías… la poesía en ese ayer, no eran más que palabras con cierta musicalidad, rimas graciosas y saltarinas a mi entender, que sonaban tan bien que quería escucharlas siempre y repetirlas una y otra vez, una y otra vez, una y otra… sin embargo tú rebatiste mi ingenua respuesta diciendo que; “la poesía eres tú” ¿Tú?, ¿quién era tú?, ¿Por qué tú es la poesía? Pero que absurdez, pensaba, ¿qué insensato podría haber escrito algo así? No entendía por qué estaba en aquel libro en el que supuestamente se encontraban los mejores versos. Aún no había vivido lo suficiente, aún no había percibido eso que a algunos les gusta llamar amor.
Hoy, sin embargo, todo tiene un sabor diferente. La poesía es magia. Las palabras, en las poesías, ocupan su lugar como si de un puzzle se tratara, cada una ocupa el espacio que le corresponde para así crear un paisaje que embellece hasta lo más triste, hasta el mayor dolor… todo eso era “Tú”, ese sujeto al que el insensato autor definía como poesía… Me pregunto qué clase de torrentes tenías por sentimientos…

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