Luna

Luna
"Esta noche me encamararé a la luna, me instalaré en su cruasan como si estuviera en una hamaca y no tendré ninguna necesidad de dormir para SOÑAR"- La Mecánica del Corazón-

viernes, 23 de septiembre de 2011

El adhesivo de un beso.


Quien la viera desde fuera pensaría que era tonta. Siempre le pasaba igual cuando lo tenía cerca. Empezó a mirarle con esos ojos. Esos ojos inmensos, azules, que se agrandaban siempre que le miraba, como el lobo de Caperucita, para poder verle mejor. La imagen que observaba provocaba una media sonrisa en su rostro, una sonrisa que a ella le hacía sentir estúpidamente bien… Él ni siquiera se daba cuenta. ¿Cómo no podía reparar en ello? Él no era ciego, ni tampoco tonto, pero si era muy despistado…

Él se hacía un café mientras ella, al lado, a penas a unos palmos, sostenía una carpeta con ambas manos que apretaba fuertemente contra su pecho, como para hacer callar a su corazón inquieto que quería salir corriendo al calor de los brazos de él. “De hoy no pasa” pensó mientras soportaba su máscara de estupidez al contemplarle. “Hoy es el día” volvió a decirse.

Abandonó el apoyo de la pared y dirigió sus pasos hacia él. Sin apartar los ojos de encima suya, con una sonrisa entreabierta dibujada. Se mordió el labio inferior con fuerza, movió su cuerpo de manera que su boca encontrara la boca de él y con una suavidad intensa le besó en los labios… nadie sabe cuánto duró el beso, ni siquiera quieren saberlo, pero fue como…como  si el tiempo se hubiera parado para dar paso a aquel beso, como si la luna y todos los planetas y demás, hubieran dejado su movimiento de inercia para verlos, por fin, unidos por el adhesivo de un beso.

Se quedó parado, sintiendo el latido de su corazón en sus labios, se equivocaba, no eran los de su corazón sino los de ella, que se habían depositado allí, donde más a gusto se encontraban…

-        Sé que ahora mismo no entiendes nada, que no esperabas esto de mí- empezó a hablar ella con una sonrisa dulce en los labios y con sus inmensos ojos depositados sin remedio en él, con la voz tan suave y pausada que… hipnotizaba- sé que es imposible, lo sé. Lo sé cada vez que hablas con ella por el móvil, en algún momento que tienes libre, que en lugar de dedicarlo a ti… lo dedicas a ella, siempre a ella. Cada vez que escuchas su nombre y te giras como buscándola y la decepción dibuja una sonrisa ilusa en tu rostro. Cada vez que hueles un perfume de mujer y sé que tiene que ser el que usa ella porque entonces, cierras los ojos y pareces estar soñando con algo que se antoja hermoso. Cada vez que vives alguna anécdota curiosa y parece que la grabas simplemente para después, recreársela a ella con todo lujo de detalles. Sé que es imposible que alguna vez yo llegue a ser ELLA, pero me gustaría tanto… y hoy, lo siento pero… he tenido que disfrazarme un poco de ella, simplemente para rozar tus labios. Te prometo que no volverá a ocurrir, que no volveré a robarle tu boca que sé, que es tan suya… no espero que lo entiendas- sonrió una vez más, esta vez sin mostrar las perlas que tenía por dientes. Dio media vuelta y empezó a perderse a lo largo del pasillo, decidida así, a dibujar un punto y final en aquella historia que había despertado tantas mariposas dormidas en su estómago, que había dado cuerda al reloj de su corazón, que había asfixiado a su respiración… estaba decidida.  




El latido del corazón de aquella muchacha aún en sus labios, su cuerpo congelado… en su cabeza no paraba de sonar aquellas palabras, como un disco rayado… de pronto, algo en su corazón empezó a revolverse. La sinceridad de su voz, el gesto cierto de aquellos ojos, el brillo y olor de su pelo… en fin, ella, había depositado en su corazón las semillas de la curiosidad y lo posible y las había regado con tanta fuerza, que empezaron pronto a crecer y dar raíces. Mientras, él no paraba de llevarse la mano a los labios para comprobar que allí estaba presente aún, el adhesivo de aquel beso…



miércoles, 14 de septiembre de 2011

"Pero la luna estaba tan lejos como el amor..."


Era tan pequeño como la pata de una hormiga y su nombre no, no era Pulgarcito. Parecía el protagonista de un cuento didáctico infantil llamado Papelo* y no porque su cuerpo haya sido el entretenimiento de un niño hábil para la papiroflexia sino porque era frágil y delicado como las páginas de un periódico. Al ser tan pequeño andaba un poco desequilibrado cuando el viento suspiraba con ligera potencia, una simple lágrima fruto del desengaño le parecía el diluvio universal y enfadado miraba al cielo pidiéndole a Dios que por favor, fuera más original. Su piel era de un color rosa palo casi blanco, sus ojos eran tan grandes como los de un dibujo animado y su sonrisa tan entrañable como la de un recién nacido. Su voz era bajita, bajita, bajita que casi nadie podía oírlo, sus gritos eran simples murmullos en plena noche en su punto más silencioso, donde los coches cierran el hocico de sus motores, cuando los niños no acampan en los parques improvisando un derbi del fútbol español más potente…

Era un ser feliz, incluso cuando se sentía triste. A menudo se observaba a sí mismo en el reflejo de algún charco (el cuál, para él era un mar en pleno centro de la ciudad) y veía que era diferente, a su alrededor, los demás seres sobrevivían todos en manadas, en grupos… y de entre esos seres él tenía sus favoritos. Entre ellos no se encontraban ni los elefantes, ni las jirafas ¡eran demasiado grandes! Y eso le imponía tanto, tanto… le gustaban las polillas, sentía infinita devoción por esos seres que hay a quien les dan asco. Otro de sus seres favoritos eran los humanos, es más, creía que estas dos especies tenían mucho en común…

Las polillas, había aprendido desde la observación, toman por norte a la mismísima luna vamos, es su plena orientación. Además, la luna parece protegerlas, porque las incita a volar más alto, impidiendo así que impacten contra obstáculos y aprovechan mejor, pues,  las corrientes de aire que favorecen su vuelo. Sin embargo, las polillas a veces, adquieren una actitud que podríamos denominar de despistadas y confunden la luz artificial de las bombillas con la luna. Por ello es normal verlas volar como locas alrededor de la luz de nuestros hogares, comportándose como kamikaze, pues suelen morir achicharradas como consecuencia. Para nuestro pequeño ser sin nombre, al que me apetece llamar Liam, la luna era para las polillas lo que el amor para el ser humano, un punto de referencia fijo, que invitaba al corazón de las personas a actuar tal y como actuaban, a decantarse por ciertas direcciones... Muchos de estos humanos, a menudo confundían el amor (la luna) con sentimientos parecidos pero a kilómetros de distancia de serlo (las luces artificiales) y muchos de ellos, como las polillas, se cegaban por ese artificio sin poder despegar sus narices de ellos.

Liam siempre buscaba símiles a todo porque todo en la naturaleza tenía algo en común, todo, excepto él. Aunque tuviera la apariencia de un niño, vivía desde tiempos remotos, eso sí, no coincidió nunca con los dinosaurios y tampoco le hubiera gustado conocerlos. Viajaba siempre con el viento y tenía de profesión: artista. Ahí donde se lo imaginan, el pequeño Liam es el responsable de los lunares tan graciosos de las mariquitas, de las babas que van soltando los caracoles, él creó la flauta que los grillos tocan por las noches e ideó la metamorfosis, si si es un Da- Vinci en miniatura. Y era tan feliz siempre que observaba como algún ser se maravillaba por alguno de sus inventos que hasta crecía unos 5cm. Ustedes se preguntarán ¿qué le maravillará a un ser que es el causante de tantas maravillas? Pues es fácil la respuesta, la luna, lo que en su similitud anterior; el amor.

Esperaba a la luna siempre con impaciencia solamente para verla, para observar uno a uno sus cráteres, para conocerla bien y llegar a entenderla, al igual que observaba el amor y lo esperaba con impaciencia y todo lo demás… Pero la luna estaba tan lejos como el amor.

Hasta que un día, llegó a la Nasa por pura casualidad*, por el impacto de un estornudo de un hombre tan grande, tan grande, tan grande como un edificio de 15 plantas… Liam llegó a la Nasa sin saber siquiera que lugar era aquel y aún mareado de tal viaje, pues se encontraba en el norte de Alemania, un tal Neil Armstrong respiró tan fuerte, tan fuerte, tan fuerte que junto con el oxígeno y demás gases inspiró a Liam. Nuestro protagonista creyó tirarse por un tobogán infinito que desembocaba en unas piscinas de aire enormes… o bien conocidos como pulmones. De repente Liam se despidió de aquel extraño parque de atracciones por medio de un suspiro, y flotando en una especie de nave espacial, logró ver por la ventana al amor, a la luna… y al abrirse aquella puerta blanca, Liam se convirtió en el primer ser que pisó el satélite de la Tierra, a diferencia de lo que cuentan los libros de historia… 

Allí, ALUCINADO, PERPLEJO, ATÓNITO, ESTUPEFACTO, PASMADO… caminó por toda la superficie de la luna, sin quitar los ojos de ese suelo de un mármol tan especial, ni siquiera reparó en lo demás, ni en las estrellas, ni en los cometas, ni en nada… y para cuando se dio cuenta allí estaba; en la cara oculta del farolillo más bonito que se puede apreciar desde la Tierra y cuando elevó la cabeza con la boca tan abierta que casi es responsable de un nuevo cráter del satélite, se topó con… con alguien como él, como él pero diferente… parecía ser un complemento suyo. Entonces, ya no se sintió ni tan solo ni tan extraño. Además, confirmó su teoría de la similitud entre el amor y la luna, esa certeza le revoloteaba por su cabeza al observar a su semejante. Liam estaba convencido, convencido de que sus pequeños pasos constituían en sí mismos un GRAN paso para el comienzo de una GRAN historia… 

lunes, 12 de septiembre de 2011

"Horrible, desastroso, funesto, fatídico, trágico, fatal...Esto no tiene ningún sentido"

He caído en la cuenta de algo que se me antoja horrible, desastroso, funesto, fatídico, trágico, fatal y de más sinónimos atroces que existan… Nunca te dije… “te quiero”, nunca, nunca, nunca lo hice… y hoy me encuentro sentada, encogida en la cama, con la mirada perdida en miles de recuerdos e imágenes del pasado y de un posible presente imaginario que quizás tendría lugar hoy mismo, si hubiera mencionado esas palabras.
No sé si he cometido un delito difícil de juzgar, pero mi cuerpo y mi mente se sienten así, intranquilos, como si hubiera escupido encima de una obra de arte digna de un museo, bajo la mirada atónita de su anciano autor, como si hubiera rayado los versos más tristes de alguna noche, bajo la mirada chilena de su chileno escritor…

Y me encojo de hombros y cierro los ojos, para alejar de mi mente ese pensamiento; que todo sería distinto si esas palabras hubieran dado ese salto mortal desde mis labios hacia tus oídos, para perderse por todo tu cuerpo… nada habría cambiado no… ¿o sí?, ¿si esas palabras fueran el verdugo de todas tus dudas?, ¿si fueran el punto de inflexión en nuestra deforme relación?, ¿si fueran tu total convencimiento?...

Pero, ¿es que no te dabas cuenta?... mi cuerpo, mis gestos, mis acciones, hablaban por mis palabras, supongo que, para no caer en eso de la demagogia… quizás, seas poco observador pero yo, yo lo recuerdo todo, lo recordaré todo por los dos.

Recuerdo aquella vez, aquella noche, hacía tanto frío… te viste en la obligación de bajar unos pulóver, uno para ti, otro para mí. El mío era verde, con rayas finas de un tono anaranjado. Me quedaba enormemente enorme, desastroso… sin embargo, me sentía tan guapa… ni un traje de gucci, ni de versace, ni de D&G, no, nada de eso, tu pulóver… todavía tengo su olor adormilado en mi piel, podría habérmelo puesto hasta el día de mi boda y así, te lo confesé bajito y al oído. 

Recuerdo el día en que te leí las cartas, una de esas barajas españolas, con sus bastos, sus oros, sus espadas y sus copas. Como puse nombre e historia a tu futuro, siempre con palabras de suerte, te juro que aseguran que la vida es mejor con éstas, hasta lo han escrito en un libro y yo te he desvelado sin quererlo; El Secreto.

No es menos aquel recuerdo, cuando me pasé todo el día de playa buscando la piedra más bonita de la misma. Te la entregué a la tarde, como si fuera el preciado tesoro que un pirata abandonó allí, y no creas que por despiste no, sino a propósito, esperando el día en que una chica un poco, sólo un poco enamorada lo buscara hasta dar con él y entregárselo a su amado. Era  un piedra tan pequeña, pero con la forma del mundo, de La Tierra. Sólo quería que comprendieses la grandeza de las cosas pequeñas. “Así tienes el mundo en tus manos” te dije en aquel momento donde te sentías tan insignificante y no podías siquiera entender, que tú eras mi mundo y en ese instante yo sí que te tenía en mis manos.

Recuerdo cuando acariciaba tu rostro una y otra vez, una y otra vez, como resaltaba tu nariz, tu mentón, tus ojos… quería que mi mano memorizara tu cara, para después dibujarlo en el hueco libre de mi almohada, allí al ladito mía.

Lo recuerdo TODO y es imposible resumirlo en esta entrada, que ya se está alargando demasiado. Quiero que lo entiendas, que las palabras, en estos casos que podríamos llamar amor, nunca son suficientes, fue mi cuerpo quien te dijo te quiero, porque el pobre ya cansado, no lo podía esconder, mis ojos embobados en todo tu ser, mis manos buscando siempre en las tuyas, mi pelo que acaba entre tus dedos. Impotencia sí, es lo que siento. Si tan solo pudieras estar aquí, para poder mirarte a los ojos y gritártelo en la cara… que sí, que TE QUIERO.




P.D.: Esto no tiene ningún sentido, lo sé.








miércoles, 7 de septiembre de 2011

Un mechero, dos piedras y una foto...



Hoy; sólo me queda de ti un mechero, dos piedras y una foto en la que ni siquiera estamos mirando a la cámara…
Los recuerdos van y vienen… lo extraño es que en su carrera, los más rápidos, son los recuerdos malos, los buenos son perezosos, lentos, desganados… intento mirar atrás y nada de lo que tú y yo vivimos me hace feliz, nada me hace sentir eso que se siente tan adentro y se expresa con los labios y el brillo de los ojos…

Me da pena porque siento que algo entre los dos está muerto… frío, gélido, inexpresivo… vamos, como todo aquello que muere, postrado en el suelo inmóvil, intentando renacer pero sin quererlo realmente, porque está mejor ahí.
 
Y aunque hay días en los que no me importa nada, porque nada en realidad, es verdaderamente importante y miro hacia la autopista que me lleva a tu casa, pienso en calzarme unas playeras de esas deportivas, unos pantaloncitos tipo footing de esos ridículos y porqué no, incluso ponerme un numerito en la espalda que me califique y correr los kilómetros que sean necesarios con tal de mirarte a la cara… de convencerme que eres real, y aunque no estés, estás. De que es mentira todo lo que me has dicho y yo tonta, ilusa, sinvergüenza, sin sentido, me he ido alimentando de esas promesas que no eran más que aire… masticando aire sí, eso es lo que hacía.

Quería hacerte un regalo… una página de diario, vieja, de hace unos 5 años, donde declaraba en un trozo de papel, insignificante tal vez, que siempre serías el único, que en mi corazón, eres el único que posee una parcela, que es tuya y de la que siempre tendrás las llaves. “¡Qué especial es!” decía en esa página de Diario… ojalá algún día la puedas ver, para que lo entiendas todo.

Pero, estás tan lejos… ya no hablo de la distancia espacial sino de la sentimental… y aunque quiero con todas mis fuerza quererte y que me quieras, una voz sabia en mi interior habla, una voz llamada dignidad me dice que de verdad la tenga… sin embargo, en mi mesilla de noche, ahí, tan cerquita de mis sueños, siguen estando ese mechero, esas piedras y… esa foto.





sábado, 3 de septiembre de 2011

De la memoria y más...


Empecé a obsesionarme con la memoria, con los recuerdos, con el cajón de la mesilla de noche de la cabeza donde guardamos aquellas experiencias. El porqué recordamos lo que recordamos y sin embargo olvidamos ciertas cosas. Aprendí pues, de entre tantas dudas que; nuestro cerebro es como un fichero perfectamente organizado, donde existen diferentes carpetas para cada tipo de recuerdo o aprendizaje. Que la memoria se divide en corto y largo plazo, asociándose a esto, eso de olvidar ciertas cosas y recordar otras.
Los sentidos cobran un papel fundamental en el mundo memorial, llamándose así una rama de esta ciencia; memoria sensorial donde cobran real protagonismo la vista y el audio. Donde la atención que causen en nosotros los objetos es primordial para recordarlos… esto creo que es algo bastante relevante y que todos hemos experimentado alguna vez. Una mirada que consigue destacar de entre tantas otras, una sonrisa que nos muestra más belleza que el mismo cielo plagado de estrellas, el viento meciendo unos cabellos… recuerdos que se graban a fuego en nosotros y no nos dejan si quiera dormir o utilizar otra parte del cerebro, sólo la de la memoria.

He descubierto un mundo totalmente organizado, tanto, que hasta da miedo. Una memoria a corto plazo donde interactuamos con el ambiente y aún más duradera que la sensorial y la cual puede transformarse y evolucionar a largo plazo siempre y cuando supere la prueba a la que se verá sometido en la memoria operativa.
La cual está formada de diferentes canales que manejan información sistémica, verbal y visoespacial, y que además, contiene límites que nosotros mismos añadimos al realizar varias cosas a la vez sin centrarnos en una sola. Convirtiéndose la memoria en una especie de máquina perfectamente diseñada para cumplir su función.
Y aún falta la memoria a largo plazo, la cual la entendemos como la memoria convencional, general, aquella que creemos conocer. A parte de un millón de conceptos que se deben leer atentamente para no malinterpretarlos… es un mundo complejísimo el que tenemos ahí arriba.

Es asombroso si quiera pensar que no somos especiales o tonterías por el estilo, somos una especie de magia natural. Solemos alabar aquello que nos rodea sin sorprendernos del universo que somos cada uno de nosotros. Y esta es sólo una parte. Da miedo incluso pensar en órganos tan reconocidos como el corazón, la respiración que a veces falta, nuestra capacidad de comprensión, la creatividad, la recepción de estímulos, la formulación de respuestas… si ya lo decía aquel, que en este mundo estamos por alguna razón. No somos especiales por el simple hecho de ser humanos, sino por lo que ello conlleva. Somos especiales porque aguardamos la posibilidad de cambio, no nos vemos sometidos en un círculo natural que consiste en sobrevivir por sobrevivir, por perpetuar la especie, no nos limitamos a procrear, cazar y alimentarnos, aunque esa sea la base de todo ser vivo. Siempre necesitamos MÁS, amar y sentirnos amados, vivir y actuar siempre en busca de la felicidad y no solamente propia sino también la ajena, necesitamos sentirnos realizados haciendo sabe Dios qué cosas, unos diseñando carreteras que acorten distancias, otros creando historias que nos abstraen de lo cotidiano.

En nosotros habita la posibilidad de cambio, un arma de doble filo que constituye el equilibrio de una balanza, puesto que podemos fomentar el cambio a peor o a mejor. Por eso, aún pareciéndolo no somos perfectos como los ángeles, incluso como los animales que actúan siempre como deben actuar para sobrevivir; somos aún mejores porque precisamente podemos mejorar… lo único que nos falla es la educación y el ego. Observo el mundo que nos rodea y no veo el lado bueno que nos compete por ser humanos, veo hambre en el Cuerno de África, veo extinción en el Ártico, revolución en Oriente, agujeros en la atmósfera…

Y la verdad es que no sé como cerrar esta entrada, prefiero no decir nada, a veces el silencio es más comunicativo y expresivo que las propias palabras…

viernes, 2 de septiembre de 2011

EL ABRAZO


Esta  noche era una de esas noches… en las que el sueño no se asomaba por la puerta de la habitación ni sobornándola con una cama grande, acolchada y con sábanas 100% algodón. Y aunque es verdad que siempre me ha costado quedarme dormida, hoy  notaba a mis cincos sentidos desconcertados; como si les faltara algo… siempre he entendido ese momento de transición entre la conciencia y el sueño, como un espacio para reflexionar con uno mismo, repasando lo sucedido a lo largo del día, enterrando lo malo en el fondo de una fosa común y guardando lo bueno en algún lugar de la memoria… soñando lo que todavía no es y queremos que sea, construyendo ilusiones de papel…

En fin, movida por ese abandono de Morfeo me levanté rendida de la cama hacia la despensa, supongo que tendría hambre, una gula terrible que me impedía descansar. Sin embargo, al abrir aquel armario y ver mis disposiciones alimenticias caí en la cuenta de que no tenía ningunas ganas de comer…
Andaba desesperada por todas las habitaciones de la casa, inventando posibles reformas, redecorándola esquina a esquina, colgando cuadros en paredes repletas de estanterías, colocando libros dentro del congelador, discos en el cajón de la ropa interior en fin… inventando un entorno imposible en donde vivir.
Tendría frío… pensé, eso era lo que me pasaba tenía frío. Corrí a la habitación en busca de una vieja rebeca de cardigan gris y al ponérmela… ¡Dios que calor! Y la rebeca acabó abrigando al suelo y yo me topé de bruces con mi reflejo en el espejo… empecé a observarme poco a poco, despeinada, ojerosa, con la expresión confusa, los brazos desnudos… los brazos desnudos… si… los brazos desnudos…

Entonces, sentándome en la cama para confirmar mi teoría del paso de la conciencia al sueño, rescaté un recuerdo de una mañana… una mañana gélida que acabó abrigando mis miedos, mis dudas...

Estaba rodeada de niños, de niños con sonrisas kilométricas que dejaban ver la ausencia de alguna paleta. Mi labor era la de enseñar un baile a aquellos cuerpecitos diseñados para salir a correr, a jugar, a descubrir el  mundo… entonces, ante tanta vida, ante tal paisaje de añoranza a la niñez, se me ocurrió decirle lo que pensaba a uno de aquellos pequeños…: “Que bien bailas ¿no?” y lo siento de corazón por Charles Dickens y sus “Grandes Esperanzas”, lo siento por ese fabuloso comienzo de Cervantes “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” puesto que este simple cumplido, estas sencillas palabras fueron las palabras mejor invertidas de la historia… aquel niño se abalanzó sobre mí y me dio el abrazo más increíble de la historia… verás, en aquel abrazo, mi piel besó a mis huesos en los mismos labios, en el que las mitades simétricas de mi cuerpo se miraron frente a frente como ocurre con los dibujos de mariposas en Educación Plástica y se dijeron eso de…; “encantada de conocerte”. Entonces, tuve la certeza de que, mi corta vida había tenía sentido en su total plenitud, las risas, los llantos, los agobios, el dolor, los desengaños… todo absolutamente todo era válido, todo, había cumplido su cometido…

Aquel niño siquiera llegaba a mi cintura, era tan flaco como los galgos son en comparación con las demás razas caninas, pero tenía la fuerza de un huracán, capaz de arrasar con todo y ponerme el libro de esta vida en blanco, como una oportunidad de empezar de nuevo. Era un niño de raza negra, que había viajado en el crucero de las pateras, un superviviente, un luchador… una voz de repente habló diciéndome: “no sabes lo mal que lo ha pasado ese niño” y no me quise imaginar cómo de mal… pero, me lo había dado TODO en ese abrazo, absolutamente TODO, por unas míseras palabras, lenguaje insuficiente a veces… no sé si algún día volveré a coincidir con él, pero me siento en deuda, deuda impagable quizás… Desde aquí gracias pequeño, mil gracias…

Hoy necesito un abrazo como el tuyo…