Luna

Luna
"Esta noche me encamararé a la luna, me instalaré en su cruasan como si estuviera en una hamaca y no tendré ninguna necesidad de dormir para SOÑAR"- La Mecánica del Corazón-

lunes, 22 de julio de 2013

Nueve


Las caricias se convirtieron en cicatrices. El mar en charcos. El horizonte en límite. El suelo en fuego… Mientras, soplaba las heridas que nunca se abrieron. Me escocía alguna lesión invisible. Los años de ausencia pesaban en su liviana nada. Me senté frente al mar oscuro, contagiado por la oscuridad de la noche. La luna brillaba y no; a capricho del viaje de las nubes. La brisa ofrecía una banda sonora apacible, como esas de terror que advierten un oleaje de violines chirriantes. La soledad se agarraba, clavando sus uñas, de mi pecho. Y cada calada marcaba el recuento de mis profundas penas. Hasta que llegué a la calada número nueve, con su respectivo dolor. El recuerdo proyectado en la orilla húmeda. Solo yo era testigo de su recreación, la luna veía justamente lo que había, un mar que iba y venía besando a la arena, dejando a su paso el adhesivo de un beso, nada más que un rastro de saliva. Golpeé el cigarro, como si fuera rutina, desprendiendo sus cenizas. Las observé volar unos tramos. Aunque lo pareciera, mi mirada no, no estaba perdida. Llegó la calada número diez pero… en mi cabeza aún seguía “la número nueve”, como un eco lejano pero constante. Era una tortura, una variante de la “gota china”. Me producía un terrible dolor morboso repasar cada recoveco de su cuerpo. Todo era negro, pero la imagen de su rostro al esbozar una sonrisa, era capaz de iluminar madrigueras, el mismísimo fondo de la tierra. “La número nueve” era la razón por la que yo quería ser mejor, mejor persona. Entendí religiones en las que nunca creí, cuando la conocí. Dibujé rayos de esperanza, mientras veía las noticias de al mediodía. Floté en un mundo donde la gravedad manda. Y un montón de cosas más que un ejército de gilipollas sienten. Ella está tan lejos… “¿Por qué no vas a buscarla?” replica la luna… Porque está aún más lejos cuando nos tenemos en frente. Porque ella, ya ha aprendido a no quererme. A veces deseé eso tanto… no soy digno ni de su cuerpo ni de lo que aguarda dentro. Por eso, por eso me detengo en “la número nueve” porque ahora, es el único momento en el que puedo quererla y no sentirme culpable. No sentir que le debo algo a alguien.