Luna

Luna
"Esta noche me encamararé a la luna, me instalaré en su cruasan como si estuviera en una hamaca y no tendré ninguna necesidad de dormir para SOÑAR"- La Mecánica del Corazón-

domingo, 28 de agosto de 2011

Incluso cuentan que la luna hizo alargar aquella noche hasta más de cuatro horas…



La noche era preciosa, como en un cuadro ideal que el mayor pintor nunca plasmó en un lienzo; no por falta de capacidad sino de imaginación... Estaban ellos dos; uno junto al otro, él mirando al suelo, ella al cielo… contemplando la luna curiosa que se asomaba al encuentro de ellos. Ambos pensando en el otro, en el tiempo, en el pasado, en lo que pudo ser y no fue, en lo que será… sus cuerpos distaban de apenas unos pocos milímetros. La mano de él comenzó a buscar la mano de ella, encontrándola sus corazones se dispararon como cohetes que sólo buscan flotar en el universo… ella con el llanto a ras de la pupila, él con un enredo en la garganta. Ella le tomó la cara con las manos, le obligó a mirarla, le sonrió y le besó en el pelo… entonces el abrazo tuvo lugar, que digo abrazo, fue la simbiosis perfecta entre dos seres que se aman, imaginen tal perfección, como los ángeles a los ojos de Dios. 
                                                                                             

-         Prométeme que algún día estaremos juntos- dijo ella casi temblando y encerrada en el abrazo de él.
-         Algún día estaremos juntos- susurró.
-         Y será para siempre, por favor.
-         Sí, por favor, para siempre…- la abrazó aún más fuerte.
-         ¿Sabes? Nunca te lo había dicho pero… te quiero…- rieron juntos.
-         Yo también te quiero y tampoco te lo había dicho aún, pero es que en ocasiones las palabras sobran, a veces faltan, pero… nunca creí que esas palabras lo englobaran todo, no son suficientes, no te las mereces, mereces algo más…- se estremeció ella.
-         Si pudiera parar el tiempo, si pudiera ser verdad… es injusto, es injusto, es injusto- maldijo ella.
-         Ssshhh- la abrazó fuerte...


Sus vidas eran como algunas dichosas carreteras, dos carriles que de repente se funden en uno para después separarse de nuevo. Porque aquellos jóvenes jamás habían experimentado nada igual; ni al saltar al mar desde el acantilado más peligroso, ni al besar por vez primera, ni al aprobar por tercera vez el carné de conducir… dónde quedará eso cuando se descubre que es cierto que… alguna vez en la vida, las mariposas emigran hacia el estómago de unos y de otros para engrandecer el alma, cuando en contra de lo que los científicos puedan razonar, el ser humano es una especie que en cierta etapa de su vida puede volar y charlar a solas con Saturno. Cuando el corazón late con más fuerza, como un caballo de carreras, al acariciar la felicidad suprema y el alma entiende que si muriera en ese mismo instante, no importaría…

Nunca se supo si aquellos jóvenes volvieron a encontrarse. Lo que sí era una certeza, es que jamás amarían a otra persona… era amor verdadero ¿qué creéis, que ocurre todos los días? Incluso cuentan que la luna hizo alargar aquella noche hasta más de cuatro horas… fue la noche, más larga de la historia.  


martes, 23 de agosto de 2011

Diario de un borracho



Dicen que de labios de un borracho sólo salen verdades. Entonces, debes esperar de mí más que estos vómitos que desvelan mi escaso apetito en la cena. Quédate, por favor, no te vayas y espera a escuchar todo aquello que guardaba en el viejo escondite que es este corazón. Puede que ya sea tarde y que los dichos en este caso mueran por su propio peso, te lo digo por eso del nunca es tarde, porque hoy ya es demasiado tarde y quizás esto sólo sirva para hacernos más daño, pero estoy borracho y no soy dueño de mis actos pero sí de desenterrar mis sentimientos.

En fin… Podría cantarte cualquier canción que describiera a la perfección todo lo que siento, pero estoy dispuesto a respetar la ley y ya puestos los derechos del copyright…
Desde el principio supe que serías alguien  importante en mi vida, más importante que yo mismo, así que… ¡hazte a la idea! Cometí tal locura de anteponerte a todo incluso a mi propia felicidad y esa es el mayor error  que puede hacer un ser humano, no me preguntes porqué, pero lo sé, escogí el papel secundario de mi propia  historia, mi vida, volcándome en ti; la siempre protagonista… Nunca estuvimos en el mismo escalón y decidí esperar a que te atrevieras a bajar uno o dos peldaños, pero tú  no parabas de subir y alejarte y a mí como a un tonto un lápiz me gustaba tu actitud caprichosa, hasta que decidí dejarme de tonterías y subir escaleras hasta alcanzarte. Estabas tan lejos… tanto… sin embargo, cansado,  llegué a ti, como tarde o temprano logra todo iluso sus sueños, aunque sólo sea por un instante y pagando… allí estábamos los dos, compartiendo el mismo aire, bañándonos por el mismo agua, bajo el mismo el sol, a penas a un palmo… después descubrí que yo era tu pasatiempo favorito de los veranos y te dejé jugar y divertirte y yo insensato y desatento conmigo mismo y kamikaze hasta la médula… hasta que el juego dejó de serlo para evolucionar a la mismísima vida. Fue entonces cuando tuvimos hijos de diferentes sentimientos, rabia, celos, pasión y amor, por encima de todo amor, de ése inexplicable y pasional, que tiene por bandera el carpe diem y la locura sana de vivir cada instante como si fuera el último, olvidando los términos pasado y futuro y renaciendo cada día.
Y en una tarde cálida con el aire vestido de polvo, la suerte decidió que fuera yo quien perdiera el juego, perdiendo pues todo lo que aposté en esta partida… mis ganas, mis fuerzas, mis ilusiones, mis esperanzas, mi vida junto a ti… en definitiva, el sentido… desde entonces confundo el norte con el sur y mi sol siempre sale por el este para despedirse rumbo al oeste. Y ahora tú apareces como la flor que nace de casualidad en una tierra estéril y me pides que vuelva a ser quien era antes, pero esa persona ya no está, desapareció contigo, cuando te fuiste triunfante caminando sin mirar atrás para ser devorada por el horizonte…

Y aunque te quiero como jamás podré querer a nadie, tú y yo no podemos estar juntos, no sé porqué, siempre he odiado esa frase que en tantas películas he escuchado y yo rabioso ante el televisor he protestado como un abogado enfurecido declarando que: “si se quieren pueden estar juntos”… pero el quererse no lo es todo, por fin he entendido esa frase… nuestra relación es un imposible, porque estos si que existen. Pero… ¿Cómo iba un pez amar a un águila? Así estamos tú y yo, separados por nuestra propia naturaleza… es difícil de entender y no espero que lo entiendas… 
Ya puedes irte, ya no te entretengo más, no seré el causante de que pierdas minutos de oro de un tiempo que nunca más volverás a recuperar…
Recuerda que te querré siempre y que estaré siempre ahí, intentando tu felicidad, ya sabes que eres la protagonista de mi historia, y quiero que ésta, tenga un final feliz… 

viernes, 19 de agosto de 2011

Decidida, comencé a hacer la autopsia de aquellos ojos...



Un día lo descubrí entre mucha gente. Las personas iban y venían con la mirada anclada en el frente, no reparaban en lo demás, sólo querían llegar cuanto antes a sus destinos. Como si estuvieran poseídos seguían un ritmo frenético e imparable. Nos sentí como marcianos allí, sentados en aquel banco, mientras tu absorbías y expirabas segundos después el humo mortal del tabaco yo observaba tus manos como una niña pequeña mira y analiza de cerca su primera caracola en la playa. Nunca había visto de cerca las manos de un célebre músico, de un alocado pintor o de un soñador poeta, de un artista en fin y sin embargo, sus manos deberían ser como las tuyas; con la apariencia de una varita mágica que a la orden del cerebro logra darle forma a aquello que imagina y hacerlo real… al despegar la mirada de tus manos me topé con unos ojos grises decorados con unas fantásticas arrugas profundas que gritaban mudas; “¡¡confieso que he vivido!!”. Una media sonrisa que ocultaba caprichosa los dientes, una barba extensa pero cuidada que se me antojaba al recuerdo de una abuelo entrañable y sabio, una boina de un color intenso que iba a juego con sus pequeños ojos y un gesto incierto que nació de la estampa que tú y yo habíamos formado. Al cruzarme con su mirada, supe que aquel anciano quería decirme algo, quería hablarme de aquello que había pensado al vernos. Pero en cuestión de segundos la imagen de aquel misterioso hombre se perdió entre las prisas y urgencias de la gente, como una acuarela bajo la lluvia… sin embargo, mi cerebro había realizado automáticamente una fotografía de aquella mirada que desafiando las leyes de la naturaleza, me había hablado. Sólo tenía que descifrar aquellas palabras camufladas en el gesto de sus ojos…

Decidida, comencé a hacer la autopsia de aquellos ojos y sin duda, había experiencia… había cientos de imágenes que el anciano había almacenado, algunas agradables, otras atroces… sin embargo no sabía donde habría archivado la imagen que tú y yo habíamos creado… en ese entonces no lo sabía, pero hoy, hoy entiendo que… aquel anciano me pedía a gritos que me alejara de la tormenta de tu ser. Que eras tóxico para mí. Que tú y yo somos seres incompatibles queriendo compaginar sin éxito… los dos deseosos de imposibles, teniendo en común esa extraña manía de jugar a hacerse daño… sin embargo, hay algo que nos empuja y nos destina a estar juntos. La física ha hablado de ello en innumerables ocasiones, habla de la fuerza de la gravedad, supongo que tú guardas en algún misterio de tu cuerpo dicha energía y yo como un simple objeto pesado caigo sin dudar. En el espacio tomarías la forma de un agujero negro y yo de algún asteroide deforme y sin pertenecer a ningún sistema solar que se encuentra en frente. Y no entiendo porqué desisto de gestos sabios y miradas de horror ante tú y yo. No entiendo porqué, no entiendo porqué…

jueves, 4 de agosto de 2011

Promesas...


Te lo prometo. Prometo abrir las ventanas de par en par cuando la noche oscura invada sigilosa tus mañanas. Prometo colarme en tus túneles sin salida para dibujarte en el suelo un mapa con todas las puertas y pasadizos secretos para que no experimentes eso de “sentirse perdido” sino que sea una especie de vuelta a la niñez y juegues un poco a los piratas. Prometo borrar tus enfados a base de un ataque letal de cosquillas por las zonas más recónditas de tu cuerpo, prometo vencerte y así, como Colón hizo con América, conquistarte parte a parte. Prometo mojar el pincel en las acuarelas de las sonrisas y darle color así al lienzo entristecido de tu rostro y ponerle por título “Felicidad” a ése, mi cuadro favorito. Prometo guardar en una botellita todas tus lágrimas, una a una, y beberlas de un trago porque quiero acompañarte en todo, emborracharme de tu dolor y vomitarlo luego y hacerlo desaparecer después, tras tirar de la cadena. Prometo acompañarte cuando quieras estar solo, ahí escondida tras la puerta y gritarte desde el almacén insonorizado de los pensamientos que estoy contigo aunque no me veas… y cuando tengas dudas, prometo darles la mano y guiarlas una a una hacia la puerta y desde la ventana despedirlas sabiendo que nunca más volveremos a verlas. Prometo robarle a Pandora su caja, para que nunca dejes de abrazar a la esperanza. Prometo ser tu Yin cuando tengas un día de Yang. Prometo ser tu abrigo en los tiempos de frío glacial y tu bocanada de aire bajo un paisaje de verano. Te lo prometo. Prometo estar ahí siempre, siempre, siempre… dándote lo que te falta, regalándome lo que te sobra y  aunque no lo entiendas, ya vez, estaré ahí, una vez más, para explicártelo, para demostrártelo a modo de teoría matemática infalible y absoluta y si las matemáticas nunca se te dieron bien… caminaré contigo por la rama de la filosofía pidiéndote que te recojas en ti mismo, te encuentres con tu alma y entonces, lo comprendas como lo comprendo yo.  ¿El por qué de tantas promesas? Te preguntarás por dicho camino tomado por Sócrates, Descartes, Kant y tantos anónimos más, no te hará falta lección alguna, tú, ya lo sabes, debes saberlo…  







lunes, 1 de agosto de 2011


Estás en frente, como si de un duelo de cowboy se tratara, desafiando la fuerza de mis palabras, haciendo tambalear mi rotundo; “no”. Y entonces haces un gesto con la mano, amagando el coger tu pistola de amenaza letal, mientras me miras, con esos ojos de color azul mar en los que sin dudar me tiro de cabeza y comienzo a nadar obsesionada en buscar vida dentro de ellos. Encuentro sirenas que me regalan corales de colores y entonan mis canciones favoritas una a una, delfines que realizan acrobacias sin tino para sorpresa de esta simple humana y no quiero salir de ese maravilloso lugar y esto es como arena en mis ojos, me despistas de mi objetivo, que es vencerte. Y entonces me sonríes y para desgracia mía  pues, tu sonrisa no es como las demás, y me siento como Leonardo Da Vinci ante la Gioconda, quiero plasmar en algún lugar esa sonrisa tuya que juega al escondite con tus dientes porque siento que no puedo privar al mundo de tal belleza y entonces… se me apagan las fuerzas y mi pulso empieza a descontrolarse y empiezo a ver borroso aquel “nunca más” que me prometí. Y basta que digas una sola palabra para caer de rodillas al polvo rendida… empiezas a desplegar tus ideas, a exponerlas como un vendedor ambulante que capta mi atención como la luz hace con las polillas. Tus palabras que raptan a las mías y me hacen enmudecer amordazando mi boca. Y yo ya… me quedo sin plan B para ir en tu contra y es cuando acudes a mi grito mudo de socorro. Me abrazas, me acaricias con esas manos que tan bien conocen las carreteras de mi cuerpo y es el antídoto de mis; “no”, “nunca más” y demás expresiones negativas dirigidas a la idea de hacer de aquel final un punto y seguido. Y descubro cuál es mi papel en esta historia, no es el de ir en contra de ti no, es el de ir contigo, a tu lado de la mano, de tus manos… y deshago este boceto de duelo de vaqueros y construyo un presente inesperado que nos lleve a donde nuestros pies de una vez quiera, pero esta vez...juntos.