La noche era preciosa, como en un cuadro ideal que el mayor pintor nunca plasmó en un lienzo; no por falta de capacidad sino de imaginación... Estaban ellos dos; uno junto al otro, él mirando al suelo, ella al cielo… contemplando la luna curiosa que se asomaba al encuentro de ellos. Ambos pensando en el otro, en el tiempo, en el pasado, en lo que pudo ser y no fue, en lo que será… sus cuerpos distaban de apenas unos pocos milímetros. La mano de él comenzó a buscar la mano de ella, encontrándola sus corazones se dispararon como cohetes que sólo buscan flotar en el universo… ella con el llanto a ras de la pupila, él con un enredo en la garganta. Ella le tomó la cara con las manos, le obligó a mirarla, le sonrió y le besó en el pelo… entonces el abrazo tuvo lugar, que digo abrazo, fue la simbiosis perfecta entre dos seres que se aman, imaginen tal perfección, como los ángeles a los ojos de Dios.
- Prométeme que algún día estaremos juntos- dijo ella casi temblando y encerrada en el abrazo de él.
- Algún día estaremos juntos- susurró.
- Y será para siempre, por favor.
- Sí, por favor, para siempre…- la abrazó aún más fuerte.
- ¿Sabes? Nunca te lo había dicho pero… te quiero…- rieron juntos.
- Yo también te quiero y tampoco te lo había dicho aún, pero es que en ocasiones las palabras sobran, a veces faltan, pero… nunca creí que esas palabras lo englobaran todo, no son suficientes, no te las mereces, mereces algo más…- se estremeció ella.
- Si pudiera parar el tiempo, si pudiera ser verdad… es injusto, es injusto, es injusto- maldijo ella.
- Ssshhh- la abrazó fuerte...
Sus vidas eran como algunas dichosas carreteras, dos carriles que de repente se funden en uno para después separarse de nuevo. Porque aquellos jóvenes jamás habían experimentado nada igual; ni al saltar al mar desde el acantilado más peligroso, ni al besar por vez primera, ni al aprobar por tercera vez el carné de conducir… dónde quedará eso cuando se descubre que es cierto que… alguna vez en la vida, las mariposas emigran hacia el estómago de unos y de otros para engrandecer el alma, cuando en contra de lo que los científicos puedan razonar, el ser humano es una especie que en cierta etapa de su vida puede volar y charlar a solas con Saturno. Cuando el corazón late con más fuerza, como un caballo de carreras, al acariciar la felicidad suprema y el alma entiende que si muriera en ese mismo instante, no importaría…
Nunca se supo si aquellos jóvenes volvieron a encontrarse. Lo que sí era una certeza, es que jamás amarían a otra persona… era amor verdadero ¿qué creéis, que ocurre todos los días? Incluso cuentan que la luna hizo alargar aquella noche hasta más de cuatro horas… fue la noche, más larga de la historia.





