Luna

Luna
"Esta noche me encamararé a la luna, me instalaré en su cruasan como si estuviera en una hamaca y no tendré ninguna necesidad de dormir para SOÑAR"- La Mecánica del Corazón-

martes, 4 de diciembre de 2012

Halos de cordura e irracionalidad

El aroma del recuerdo dormido en la almohada. Siempre va a desprenderse cuando mi cabeza se reposa en esta.
La habitación se inunda de fantasmas del ayer, halos de cordura e irracionalidad se confunden a mí alrededor.

Al abrigo de sucesos que nos ocurrieron, que esculpieron en nuestra piel las grietas que comienzan donde finaliza el límite del ojo.

La mancha de tu silueta es un etéreo que, siempre que voy a abrazar, descubro que está hecha de una materia igual a la del aire.

Y me cuesta construir una ciudad a base de ruinas. Los ladrillos fragmentados no me facilitan la tarea y siempre observo, como resultado, cobijos y hogares deformes, pocos convencionales, distorsionados.

Descubro, cuando me miro por dentro, un vacío familiar, donde se forma un eco constante que repite tu imagen.

Y sí, aún siento, que te necesito. Y sí, aún no sé, hasta cuándo.

 

martes, 27 de noviembre de 2012

Latigazos del pasado

Intento evitar, sin éxito, los latigazos del pasado.
Imágenes que golpean mi cabeza como emigrantes salpicados que consiguen colarse en ella. Destellos de palabras que gritan a las puertas de mis oídos. Cerrar los ojos, creerme a punto de dormir y de pronto escuchar tu voz cerca, muy cerca. Desplegar los párpados del sobresalto y descubrir a la nada intentando confundirme para que no duerma.

Mi error fue dar por hecho que estabas bien.

Entonces, ya tenía bastante con lo mío, cerré la puerta y te dejé fuera. Creí que estabas bien… sin enanos debajo de tu cama. Los míos inundaban cada rincón de mi casa…

Te culpé. Y te perdí, te perdí a sabiendas. Convenciéndome de que no te echaría en falta… hoy no paro de preguntarme que hubiera pasado si hubiera adelantado al miedo. Si te hubiera contado las cosas que siempre quise decirte y que nunca sabrás…

“¿Aún estoy a tiempo?” es una interrogación que retumba en mi cabeza, en mi habitación incluso…

Espero que estés bien, de veras lo espero. Espero encontrarte, algún día, no hay prisas… pero también espero, que no sea demasiado tarde.

lunes, 20 de agosto de 2012

Intento


Cada día se presenta como una batalla. Cada noche me voy a la cama con la sensación de derrota. Veo como un horizonte hambriento se traga al sol cada atardecer, soplándolo anticipadamente porque quema. Observo así como mueren los días y con ellos mis ilusiones y esperanzas. Mis soldados son pacientes y se acomodan en sus trincheras con fe y ganas. Son tantas las batallas perdidas como días tienen tres semanas. Mi corazón ruge auxilio y solamente acude a la llamada de socorro la nada. Y entonces éste se siente preso. Como si lo metieran dentro de un saco. Comienza a forcejear dando latidos y latidos cada vez más apresurados. Pero es inútil. Cae libre y preso a la vez hacia lo hondo de un pozo. Un pozo que no añade a sus tejidos un regusto de sal. Donde no halla corales ni peces aleteando y donde tampoco puede soñar con encontrar sirenas. Una tregua sería tan necesaria… Pero todas nuestras banderas blancas están manchadas de lodo y alquitrán.

Mis soldados desean muchas cosas. Y una de ellas, quizás porque es la opción más fácil, como una manzana dispuesta en la rama más baja, es el abandono. El dejarse conquistar por un batallón oscuro, especialista en romper corazones en pedazos tan pequeños como el ojo de  una aguja. Asesinos de ilusiones y esperanzas. Sin embargo, siempre al final de tanto daño y pensamientos taladradores mis soldados acaban aferrándose a  una fe extraña y fuerte. De esas que hacen creer en algún Dios. Y siguen erguidos luchando por lo que quieren. Porque la batalla no se gana cuando el objetivo se cumple, sino cuando das rienda suelta al intento. Y en la boca se queda el sabor, en el cuerpo el calor, en la mente el pensamiento de que lo has intentado. 



Si lo intentas has ganado.

jueves, 19 de julio de 2012

Y una sola nube cubrió todo el cielo (2)


Cortó la rosa del arbusto y observó como de aquel muñón causado por el corte en el tallo, comenzó a brotar sangre espesa color ámbar. Aquella imagen le provocó una sensación amarga. Un mal presagio le acarició el pecho. Pero aún así, era suya la rosa más perfecta de todos los jardines de la ciudad y sus fronteras.
Aquella  rosa de pétalos rojos aterciopelados. Adornada con gotas de rocío símiles a lágrimas, brillantes y recién lloradas. Como aquellas que saltan de los ojos y se instalan en las mejillas y quedan allí unos pocos segundos antes de resbalar…
Prosiguió su camino seguro, sin dudar y sin ocasión de descanso. Sus pasos eran firmes pero su cabeza revoloteaba de pensamiento en pensamiento, augurando un futuro próximo a pasar.
Sacudió la cabeza para reordenar las ideas. Y obligó a su mente a pensar solamente en que, entre sus dedos, descansaba la rosa más perfecta.

Estaba ya cerca de  su destino. Dobló la esquina de la avenida de la playa adentrándose en los barrios prohibidos de la ciudad. Calles empapadas en pecado. Seres paganos vivían allí; artistas de circo, bailarinas de burdel, músicos con sus respectivos instrumentos siempre hambrientos, que rugían inspirados por tantos motivos… sobre todo, en aquellas calles se refugiaban escritores sabios, conocedores de los porqués del mundo, inmigrantes exóticos, algún que otro brujo y demás personajes dotados de ciertos dones a los que habría que tenerles algo más que respeto.
Prosiguió su camino por aquellas estrechísimas calles con olor a orín. Miradas brillantes en la oscuridad y prostitutas cada tres pasos… y de pronto se topó de bruces con el sitio que buscaba, donde ya había estado solamente una vez y que sin embargo conocía palmo a palmo, esquina a esquina, escalón a escalón. Parecía dudar en si entrar, pero en realidad no lo hacía, estaba dispuesto.
Empujó la puerta de cristal de la “Librería el Verso” y a su vez sonaron un sinfín de cascabeles. De pronto acudió a dicha llamada aquel hombre, al que hubiera deseado  no volver a ver. Era alto y flaco, con una voz baja que por desgracia, obligaba a estar cerca de él para poder escucharle bien. También era grave, ronca, erosionada por el alcohol y el tabaco y a su vez tan pausada como el desplazamiento de un caracol.
Sus ojos eran felinos, su nariz más que aguileña era “flamenca” aunque su olfato era canino y su sonrisa de hiena. El pelo largo, negro y aceitoso. Desprendía un olor a gasolina y sudor. La daba tanto miedo… y lo peor era que el dueño de la “Librería el Verso” lo sabía, lo cual, jugaba a su favor.

-        Buenas, ¿qué libro desea?- Preguntó dicho individuo a quien llamaban Indio, debido a los rumores de chaman que se le atribuían, con una sonrisa abierta que dejaba ver sus perlas grises y algún que otro diente de oro. El cual sabía perfectamente quien era el chico que tenía en frente, dado que lo esperaba desde hacía ya mucho tiempo.

-        La Celestina, por favor.

No es que estuviera interesado en esta obra. La Celestina era una contraseña. La llave de acceso a la trastienda. Indio asintió riendo a la vez que tosía dejando oír un sonido asfixiado.
El verdadero trabajo de Indio era el de realizar favores a cambio de diversos intereses. Las leyendas decían que había exigido, incluso, el recuerdo del primer beso de amor a cambio de un hogar donde vivir al menos con lo básico por siempre. ¿Quién podría sobrevivir sin la sensación de haber poseído en sus labios el tacto de otros labios que lo amaban? Sólo Dios sabría como…
Su próximo cliente imaginaba recuerdos depositados en tubos de ensayo congelados o carcajadas contagiosas flotando en urnas de cristal…. Dicho pensamiento le obligó a tragar saliva y diluir la pelota que se le había formado en la garganta.

Llegaron a la trastienda con aparente tranquilidad. Se colocaron uno justo en frente del otro como dos cow boys a punto de batirse en duelo. Indio paseó por la habitación hasta llegar a una especie de mostrador, allí se sirvió un buen vaso de whisky.

-        ¿Eres Izan, verdad?- preguntó Indio, aunque la respuesta la sabía perfectamente.
-        Así es – respondió Izan esforzándose en controlar el temblor de su voz.
-        Bien…- bebió Indio un buen trago de Whisky- ¿traes lo que te pedí?- preguntó con un tono amenazante más que curioso.
-        La rosa más perfecta, aquí está- Izan le extendió la rosa a Indio procurando no rozar sus dedos.
-        Oh sí… sí que es perfecta, sí- Rodeó la rosa con su mirada, observándola desde todos los ángulos posibles y sin parar de admirarla.

A Izan se le antojó un hecho fascinante a la par que violento. El ser más repugnante de la existencia sosteniendo al más puro, bello y delicado. Dolía asistir a aquella imagen, pero un impulso morboso le impedía dejar de mirar.
Desconocía el uso que el Chamán le daría a aquella rosa reina de entre todas las flores. Quizás fuese un elixir o un simple objeto de contemplación.

Indio depositó la rosa en un tarro parecido a los de miel. La rosa permaneció etérea y flotante. Desprendía un halo magistral de luz blanca.

-        Dime Izan, ¿cuántos kilómetros has recorrido para encontrar este ejemplar único?
-        Pues muchos. Muchos kilómetros señor.

Indio rió sin dejar de sostener el vaso de whisky.

    -   Ya, ya me imagino. Veo que la preocupación, el dolor, la    incertidumbre… han esculpido madurez en tu rostro y realmente parece haber pasado más tiempo del que en verdad ha pasado. Desde el primer día que llegaste aquí supe que estabas convencido en llevar a cabo tu parte del trueque, porque estabas desesperado, totalmente. Por ello, te mandé a buscar la rosa más perfecta, esperando en vano que te cansaras, que te rindieras…
  -   Podría haberme pedido la luna y quizás, hubiera tardado unas semanas más, pero estoy seguro de que la tendría en uno de esos tarros de cristal.

Indio rió perplejo ante la seguridad y el tono chulesco de aquel chico.

-        ¿Estás seguro de lo que vas a hacer muchacho? Es un acto de una categoría heroica, tú eres sólo un simple mortal. ¿Quieres pensarlo?
-        No- dijo Izan contundente- entienda que cuanto antes llevemos a cabo el trueque  antes llegará mi descanso, mi paz.
-        Entonces bebe- le ofreció un vaso de whisky.
-        Mire, por favor, ya he perdido demasiado tiempo…
-        Entonces no te importará dejar correr unos segundos más. Hazme caso Izan, bebe, bebe cuanto más tragos mejor, esto te va a doler.

Finalmente Izan cedió y bebió varios tragos seguidos de aquel aguarrás ardiente que le cortaba la respiración en cada trago.

-        Una última pregunta Izan, ¿qué se siente cuando te hacen saber que el amor de tu vida se está muriendo a manos de una agónica enfermedad?

Izan le mantuvo firme la mirada mientras sus ojos tragaron sus propias lágrimas sin a penas masticarlas y sintió un golpe no dado que le acusaba en la boca del estómago.

-        Sentí… sentía como si cogieran este corazón empapado en sangre, emociones, planes de futuro y demás ambiciones y recuerdos y lo escurrieran repentinamente hasta dejarlo seco.

Un silencio intenso se adueñó de la sala. Indio entendió aquellas palabras mejor de lo que Izan jamás pensaría…

-        Bien muchacho, porque esto no te dolerá mucho menos. ¿Estás listo?- Indio extendió su mano, Izan acercó la suya y la estrechó. El trato estaba firmado.

Indio pidió a Izan que se diera la vuelta y fue entonces cuando el muchacho sintió una hoja de acero helado introducirse en su cuerpo, lo sintió retorciéndose en diversas direcciones. Sintió el crujido de las costillas y la incisión del cuchillo en la carne, la herida en el pulmón, el aire que no estaba. Su grito ahogado, su cuerpo rígido y una presión en la sangre que le pesaba como toneladas. De pronto el cuchillo salió bruscamente de su cuerpo y ese dolor fue aún más intenso. Rugió de dolor y cayó de bruces al suelo. Pudo ver, en un vago recuerdo, a Indio alzando el cuchillo. Que en su extremo afilado brillaba, como una estrella de luz blanca azulada de varias puntas, su alma…

Indio recogió rápidamente al muchacho y lo acostó en un colchón viejo. Lo tapó con varias mantas y lo acompañó en su agonía:

-        Muchacho, ahora sufrirás una fiebre muy alta. Sentirás arder el cuerpo y alucinar hasta con lo más surrealista. Pronto esa fiebre descenderá bruscamente hasta llegar a una temperatura de varios grados bajo cero. Tendrás muchísimo frío, pero te acostumbrarás a ello, será tu continua temperatura corporal. Tu piel palidecerá y pronto dejarás de tener algún tipo de ambición, sueño o deseo.  Pocos son capaces de volver a sentir más que odio hacia ellos mismos pero… Ella está a salvo Izan, tu amor está a salvo.

Izan nunca supo si aquellas palabras fueron reales o solamente fruto de su delirio. Abandonó la “Librería el Verso” con la sensación de dejar allí a… un amigo. Una persona con algún tipo de corazón blando tras tanta coraza aterradora. Una persona que le acompañó en su metamorfosis de ser humano a ser sin alma.
Al salir de allí, comprobó que en su bolsillo se encontraba la rosa perfecta, sonrió.
Ahora Izan tenía más conciencia de la gravedad, del peso de su cuerpo. Se sentía raro, como un recién nacido al que le extraña el mundo exterior al vientre materno.

A menudo visitaba a Allison, su amor, pero sin ser visto. Debía pasar más tiempo, aún no era el momento. Ella estaba llena de vitalidad. Él en paz.
La quería tanto… aún sin alma, pero con un corazón que la amaba como el primer día.
Sabía que quizás jamás la podría hacer feliz, que quizás no podría ofrecerle lo que ella deseaba y aún más, lo que tarde o temprano necesitaría. Aún así, todavía podía regalarle la última rosa y así lo hizo.
La tendió a los pies de su puerta y tocó la campana. Ella abrió esperando encontrar a alguien. Pero allí no había nadie. Apenada viró la mirada al suelo y allí estaba la rosa perfecta. La recogió y urgió a olerla antes que a contemplarla. Cerró los ojos y la apretó contra su pecho. Miró en todas direcciones en busca de Izan, pero allí no estaba…

No sabía cómo lo habría hecho, pero aguardaba con ella la certeza de que él, la había salvado.








miércoles, 18 de julio de 2012


Como un tenedor en un mundo de sopas.
Como una llama de fuego bajo una tormenta.
Como un nenúfar en un desierto.
Como un santo en el infierno.
Como un germen en  la tierra de “Don limpio”.
Como una margarita en el asfalto.
Como un grito interno.

.    .    .   .   .   .   .   . 

Como echar de menos aún sin haberse alejado.

viernes, 15 de junio de 2012

De repente... ¡pasa!


Sentados justo en frente,
Con las miradas también enfrentadas,
Tus ojos tan brillantes
Que parecen dos cristales
Soportando rayos de luz.

Mi sonrisa que se ríe
Y mis ganas de tocarte
Pero hay un muro hecho
De muchos gases que penetran en mi cuerpo
Y tú expulsas suspirando
Y sin esfuerzo.

Mi corazón va ya tan rápido
Que no sé si ha parado,
Y siento que cuanto más lejos
Sin remedio más te quiero.

Alargo mi mirada
Que te acaricia el cabello.
Y cuando cierras los ojos
Anochece aquí en mi cielo.

Y recortamos las distancias
Como a un trozo de hilo.
Que con empeño une
Dos retales descocidos…
Y al tenerte a un palmo a penas
Se hace presión en mi garganta
¡Y qué demonios!
 Ahora sí que te quiero con más ganas. 

Y cuando colisionan tus labios
Con estos labios que ahora hablan
Se derriten estas piernas
Que de hielo conservaba…

Y hay una fe que me ciega
Y algún pequeño Dios que me habla
Y comprendo que a pesar de todo
Te querré aunque te vayas.

Te tengo tan dentro de mí…
Y a la vez estás aquí,
Rodeándome con tus brazos
Y meciéndome despacio.

Y se me antoja que a esta vida
Tú le das todo el sentido
Y no tengo alas para imaginar
El vivirla sino es contigo.


martes, 24 de abril de 2012

"Hasta que el sol se imponga..."


El sueño empezó a colarse por las rendijas de la ventana. Por el filo de la puerta, por la hendidura de la cerradura donde encaja perfectamente la llave mágica que abre y cierra la puerta. Y allí estabas tú, en tu lado de la cama. Acurrucado bajo las sábanas como un cachorro haría con otros cachorros en su camada. Me aproximo al huequito que me ofreces. Con cuidado, porque pareces estar dormido y por nada del mundo quisiera irrumpir en tu descanso. Y una vez allí, tendida a tu lado y repentinamente, tu brazo rodeó mi cintura atrayendo mi cuerpo al tuyo. ¿Pero cómo?, ¿no estabas dormido? Aún me lo pregunto… lo que sé es que este gesto me hace sonreír como si fuera estúpida. Una estupidez que me da alas y comienzo a imaginar, a dibujar cómo sería esta situación y estas sensaciones que aceleran por mi cuerpo, si viviera en un mundo como el que se plantea Amelie en la ficción de su film:

Me acuesto a tu lado y me abrocho el cinturón de tu brazo. Pues este cohete va a despegar en 3, 2, 1… y ocurre tras un estallido ensordecedor, atravesamos las nubes y allí estamos flotando entre bombillas de fuego. Dibujando las fronteras, que en realidad no existen físicamente, en la visión de mapa que nos ofrece el mundo. Visitando los museos de Marte e incluso pasando mucho calor mientras paseábamos durante el día por las avenidas de Mercurio. Esquivando meteoritos que parecen motos desenfrenadas saltándose las señales de tráfico o contemplando la maestría de saturno con el hula hoop ¡No falla nunca! Y una vez cansados de tanto turismo estacionamos en el motel de la luna, extendemos un mantel a cuadros y nos montamos un picnic en su cara oscura. Nos tumbamos en la fría arena de mármol con la única intención de charlar hasta que el sol se imponga…

Y tras tanto trajín imaginario, sé que amanece, sé que el viaje concluye porque el cinturón de tu brazo está desabrochado.





viernes, 13 de abril de 2012

"Lo que nunca sucedió"


Casi no recuerdo el sonido de tu voz. Cuando intento recordarla sólo oigo murmullos. Sin embargo me acuerdo de que era una voz ronca, erosionada, profunda, como el rugido de un volcán que estalla. Era ronca pero alta, podía escucharte aún estando a millas de distancia. Sin embargo no puedo reproducir en mi mente su sonido exacto, no consigo sintonizarla, las interferencias no paran de entorpecer mi esfuerzo.
Supongo que por todo esto o pese a todo esto, me gusta dibujar en mi cabeza una situación que nunca tuvo lugar. Me gusta moldear tu imagen y colocarla de repente en un espacio y lugar imaginarios. Me gusta pensar que estás frente a mí. Es entonces cuando empiezo a derramar por tus labios, a soltar junto con el aire que se escapa de tu boca, palabras que jamás pronunciaste, que estoy segura que son palabras que algún día dirás pero no a mí.

Ya ves, una vez más me envuelvo en un sinsentido, en un absurdo pues… solamente soy capaz de recordar lo que nunca sucedió.

jueves, 29 de marzo de 2012

No deja de acumular principios...


¿Lo que me emociona? La emoción en ojos de una persona de setenta y tantos años. Unos ojos que posiblemente hayan llorado más de lo que debieran. Ojos testigos de viles momentos; como la represión, el hambre, la guerra y todos aquellos obstáculos o pruebas que parecían ideadas por algún malévolo dios griego, de aquellos a los que les gustaba y divertía jugar con los humanos y sus destinos.
Ojos que se enamoraron a primera vista del mar, que se cerraban rápido al primer impacto brutal de un rayo de sol, que parecían platos y se secaban al no poder pestañear cuando contemplaba la luna bajo el cielo de aquellos años. Aquellos años que se le antoja recordar con imágenes en blanco y negro.
Ojos rodeados de un abanico de arrugas, sobrevivientes del día a día, siendo cada una de ellas protagonistas de fantásticas historias.

Todo esto me emociona. El aparente fin de una vida que no deja de acumular principios. Pues aquellos ojos brillan. Brillan y sienten, olvidando lo curtidos que están ya, como si fuera el primer día.

jueves, 22 de marzo de 2012

Notas


Te vi allí, en Barcelona. ¿Te extrañas? Dices que nunca has estado en esa ciudad. Pues yo te vi. Al cerrar los ojos te vi. Estabas siempre allí, con tu sonrisa eterna, bajo un sol eterno. Sí, al cerrar los ojos te vi…

Si me das a elegir lo tengo muy claro, por el lado de la ventanilla, por favor. No hay nada que me apasione más en un viaje que contemplar, tras el cristal, un paisaje que siempre queda atrás…

jueves, 1 de marzo de 2012

Entre hojas de tabaco

Mis sueños sufren lo que un cigarrillo encencido. Se consumen presos, entre los barrotes de unos labios, que alguna vez besé...

domingo, 19 de febrero de 2012

Particulares


Al final, pasa lo que tiene que pasar. Volvemos siempre a nuestro lugar de origen. Donde nos sentimos como en casa, en protección, en paz, en hogar, donde nos cobijamos con nuestra más pura personalidad. Así como hacen las gotas de lluvia que se tiran al vacío en busca del mar… 

  
¿Y qué es si no la llama de una vela? Es el fragmento de un pedacito del sol. Algo mágico, sin duda.

 
Porqué será que en invierno todo como que, no sé, como que duele más. Las cosas tienden a agudizarse; el dolor, la nostalgia, la pena… será el frío, que se clava en los huesos. Allí en el fondo del cuerpo, haciéndose hueco y sacando a flote todo lo demás. Como haría una pastilla esfervecente al precipitarse en un vaso de agua.







lunes, 30 de enero de 2012

"Pájaros en mi cabeza, Murciélagos en sus cuevas"

Soplo las manecillas del reloj como si fueran las aspas de un pequeño molino de viento. Juego a retroceder y a avanzar en el tiempo.

Unas manos siempre frías ¿cómo pueden preferir el invierno?

Escribir hasta que se agoten las palabras.

Y el ratón se enamoró del elefante y a lo lejos, una voz profunda mencionó; “No podrá ser, te advierto”

Ensuciarme las manos apartando el barro que te cubre los zapatos. Invitarte a volar y saborear las nubes del cielo. Demostrarte que los imposibles son sólo un bulo si tú y yo estamos de por medio.

Leo tus versos y una caricia siento en lo más profundo de mi pecho.

¡Coincidamos en un sueño!

Para muchos es fácil, para otros… es como no pincharse al sentarse en una silla de clavos.

Huele a un perfume familiar… como cuando se escacha una hoja verde a rebosar de clorofila. Como cuando hacíamos; cuando éramos niños con un mortero de juguete.

Aún quedan 10 minutos. 10 minutos dan para mucho…
 

Me gustan así. Con olor a viejo, con sus páginas teñidas de un amarillo bronceado, con esa música especial que suena al pasar sus hojas…
¡A la mierda los libros electrónicos! Nos estamos cargando la magia.

El león tras las rejas… ¿soñará con correr tras una gacela?

No me lleves al zoo, no. Prefiero imaginar la envergadura, el color, las facciones y el comportamiento de un gorila, antes que apreciarlo de cerca tras un cristal.

Repaso, inexpresiva, estas inesperadas notas.

Estás acudiendo  a la reunión de encuentros de diversos y espontáneos pensamientos.

Tan solo 5 minutos. Cuando escribo, al tiempo le da por acelerar.

Y no importa lo lejos que estemos. La distancia no es eterna. Además, tengo un plan, coger las tijeras y recortarla.

Pepito Grillo no para de cantar: “dame un silbidito”

Ya lo dijo él… “Si el ser humano es capaz de encerrar en cinco líneas el idioma de los ruiseñores ¿qué no hará?”

-    Quiero ésa.
-    ¿Ésta?
-    No, ésa no.
-    ¿Entonces ésta?
-    No, tampoco. Quiero ésa, la que no se puede ver, la que está al fondo. La que es igual de bella que todas aquellas rosas que la tapan pero que nadie puede mirarla.

Mi conciencia grita “¡5 minutos más!”

Una cuartilla de papel en blanco. Suficiente para crear un mundo.

Por ganar minutos a tu lado… ¡Dios!, ¡Qué no haría por ganar minutos a tu lado!

El pez se había vuelto loco, le dio por volar. Se había vuelto loca, le dio por escribir.

Era un lunático, convencida estoy de que de este planeta no era.

Alguien tiene hipo.

Colorín, colorado.

domingo, 22 de enero de 2012

"Ella nunca hace la maleta..."

Son las doce de la madrugada. Me revuelvo sobre la cama. Con las sábanas hasta las cejas, escucho su presencia tras las paredes de la habitación. Escucho como apoya su oreja en la puerta, intentando adivinar si ya me he quedado dormida. Se relame los labios al comprobar que no es así, al comprender que soy consciente de su estancia y ríe, con una sonrisa canina y depredadora. No espera a que por fin caiga rendida en el sueño y abre la puerta para observarme de cerca. Y así entra la pena, silenciosa y sin reparos. Se sienta en el borde de mi cama y me cuenta la misma historia de siempre. Y la escucho, como siempre… y asiento sumisa y acepto sus palabras y no me dice hasta cuando se queda, ella nunca hace la maleta…