Luna

Luna
"Esta noche me encamararé a la luna, me instalaré en su cruasan como si estuviera en una hamaca y no tendré ninguna necesidad de dormir para SOÑAR"- La Mecánica del Corazón-

viernes, 8 de julio de 2011

Soñé que vivía en una época que no logro descubrir en los libros de historia. No había asfalto, ni carreteras, ni rascacielos, ni fronteras…
Íbamos todos descalzos hacia una playa infinita. Allí había alas repartidas por toda la arena. Un par para cada uno de los que allí estábamos. Eran tan grandes, tan ligeras… al ponértelas se fusionaban con el cuerpo y parecían haber venido de fábrica con nuestra anatomía habitual.
Decidí volar hacia los recuerdos, retrocediendo con fuerza las manecillas del reloj. Y aterricé en aquella noche en el banco. Tú estabas sentado, yo acostada. Tumbada con los pies sobre tus muslos. Que raros nos vemos desde fuera…

Vi como tocabas los dedos de mis pies como si fueran las teclas de un piano y a la vez, con la boca, hacías el sonido correspondiente a la música que sonaba en tu cabeza. No paraba de reír. Era feliz aún sin reparar en ello. Ahora no consigo saber si todo aquello era real. Ahora que ha pasado tanto tiempo y como dijo algún poeta “los de entonces ya no somos los mismos”.

Sé, de primerísima mano, que intenté darlo todo, enamorarte cada día, hacer de cada minuto un tiempo especial, despejar tus pies de lo cotidiano y ofrecerte todo lo bueno que podía aportar, decidí ser mejor por ti, aumentar mis grados de paciencia, sonreír aún cuando la tristeza llamaba a mi puerta pero… después, todos esos buenos momentos, que no son para nada pocos, nos condujeron a un trágico final sin perdices, ni fuegos artificiales, ni un “Fueron felices por siempre jamás”. Te necesité y tu respuesta fue un portazo en las narices de mi amor. Te desentendiste y yo intenté comprenderte. Me descuidaste e intenté protegerte. Me abandonaste y hasta inventé motivos…

Ahora es todo oscuro y el cuento de Hadas que creamos se ha convertido en una novela negra sin retorno. Sin retorno… y ahora tú vuelves, afirmando que todo fue real y que eres la víctima de una historia que no te pertenece.  
¿La víctima? Tu ignorancia se deja ver así, como un gigante que no consigue pasar desapercibido.
Y yo no sé si aún queda hilo para enhebrar y tejer esta historia rota. Ni siquiera sé si quiero coger esa aguja.
Vuelo a los recuerdos y siento como propios los sentimientos de aquella persona que ya no soy y tú vuelves, repito, para reconstruir las ruinas de esta relación, para asegurarme un futuro sin seguros… basta, en serio, me parece que es jugar a hacerse daño. Tú de eso ya sabes suficiente. Yo de eso ya no quiero obtener noticias.

Esta vez sí quiero quedarme sin saber que pasaría si tú y yo… en fin, segundas partes nunca fueron buenas. Sigamos a raja tabla tal dicho.



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