Y golpeo las teclas de este ordenador con rabia. Porque no
te tengo, porque no estás y lo único que quise alguna vez era que no te fueras.
Y hago malabares con la rutina. Y recorro los sitios en los que te gustaba
estar. Y me giro cada vez que escucho tu nombre. Y el aire se vuelve denso si
creo oír tu voz. Y pataleo por las calles cuando no te encuentro. Y te sueño,
porque es lo único que puedo hacer. Y te imagino conmigo aunque luego esos
momentos se desvanecen. Algunos recuerdos no vividos, sin embargo, se cuelan,
como borras de café. Y lo único que sé es que enloquezco cada vez que tengo
conciencia de tu ausencia. Que las lágrimas me arden en la cara. Y me persigue
el fantasma de tu tacto, tus susurros, tus labios…
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