Para todo hay días pero… últimamente en todos mis días me invade el mismo pensamiento, la misma sensación.
Es algo que se me clava en el pecho, se me clava de una forma tan fuerte… y no puedo a penas respirar. Está ahí clavado, aprisionándome, estrangulando mis pulmones. Y yo miro a mi alrededor, pero no hay nadie, no hay nadie y sola no puedo arrancarme esto que está aquí, asfixiándome, desangrándome…
Me asomo y vuelvo a estar ante el mismo precipicio de siempre.
Las fuerzas me flaquean, mis rodillas tiemblan y pienso en dejarme caer… imagino como sería, descender mientras siento el abrazo del viento, el abrazo violento del viento, la imagen cada vez más lejos de un cielo gris… y finalmente, el impacto contra el suelo, un impacto no tan doloroso como lo que ahora mismo siento.
Entonces abro los ojos, el precipicio no es más que un oasis, no sé si es real porque cuanto más cerca parece estar, antes desaparece.
Vuelven a abrirse mis bronquios con dificultad, preguntándome qué es lo que debo hacer. ¿Debo quedarme aquí, viviendo la misma situación todos los días? Es difícil actuar, tomar decisiones, cuando no se tiene ni idea de cómo hacerlo, cuando tienes la extraña sensación de que tienes todas las de perder, aunque el triunfo se encuentre cerca. No me gusta no saber qué hacer, no obtener respuesta…
Estoy perdida en un lugar demasiado pequeño…

No hay comentarios:
Publicar un comentario